Lo que cambió en Chile

Chile jugará la segunda final en el curso de un año. Había optimismo en el comienzo de la preparación para la Copa América Centenario, luego del último partido oficial por las Eliminatorias, que fue un triunfo claro y categórico por 4-1 contra Venezuela, en Barinas. Sin embargo, la inestabilidad futbolística de la Roja, en las derrotas de los amistosos ante Jamaica y México, duelos previos al certamen en Estados Unidos, modificaron la percepción.

Se esperaba que todo cambiara en un contexto distinto, en partidos por los puntos, durante el inicio de la Copa en Norteamérica. No ocurrió así. Frente a Argentina y Bolivia, la escuadra de Juan Antonio Pizzi no articuló un buen funcionamiento. El equipo se trababa, poseía el balón pero sin claridad para dejar a un hombre de cara al gol y, en el ataque en contra, el riesgo de recibir un tanto era potente.

En ese momento, la Roja no era una fuerza colectiva de consideración. Todo quedaba destinado a deslumbramientos individuales, protagonizados por Arturo Vidal y Alexis Sánchez. La fórmula permitía salvar la situación, como en el triunfo agónico ante Bolivia, pero resultaba nociva.

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Se generó una suerte de círculo vicioso. Claro, porque la imagen percibida desde afuera era que el equipo se autoprogramaba a la espera de una solución individual, sin ahondar en una salida colectiva ante la encrucijada. ¿De ahí, entonces, el excesivo individualismo de Alexis? ¿Por eso, la tendencia al desorden de Vidal ante el panorama adverso? Había que salvar el buque y los con más cartel no le hacían el quite a la responsabilidad. Aunque en la forma inadecuada.

Contra México todo cambió. La Roja fue una fuerza colectiva potente y arrasó con la escuadra azteca, que venía con una inercia futbolística relevante. Además, jugaba como en casa, con un multitudinario apoyo en las tribunas, cosa no menor tratándose de duelos de selección. Eso sí, la mejoría partió con balbuceos ante Panamá, en el triunfo por 4-2. El equipo fue más fluido, hubo más estabilidad en las posiciones en el bloque ofensivo y la construcción en el mediocampo tuvo mas continuidad y alternancia entre lo largo y ancho del terreno de juego.

Sin duda que el 7-0 a los mexicanos fue una sorpresa para todos. Por los festejos en la cancha, y también por las declaraciones postpartido, da la sensanción que para los jugadores y el cuerpo técnico también. Sin embargo, pudieron haber sido un par de goles más. El cuadro azteca solo fue rival hasta el comienzo del segundo tiempo y el último tercio del partido estuvo de más.

A diferencia de los primeros partidos, Chile presionó con eficacia en la salida al rival, en los pocos momentos que no tuvo el balón. Con la pelota en sus pies, mostró variantes en la elaboración y el ataque. En la mitad de la cancha, la circulación fue más directa (a dos o tres toques) y matizó en el juego corto y largo, por la derecha o la izquierda y entre el accionar cercano o de trazos largos.

Se sabía que la actuación en cuartos de final era una excepción, porque no todos los días se logran meter tantos goles. Por lo tanto, frente a Colombia, la Roja exhibió una faceta versátil de su modelo de juego. Ambos tantos fueron de contraataque y no en maniobras construidas como contra México. En momentos, el equipo cedió la posesión del balón y demostró que, esperando al oponente en su sector y con avances directos tras la recuperación, puede ser igual de ponzoñoso.

Luego de la fase de grupos de la Copa Centenario, el gran cambio que exhibe Chile tiene que ver entonces con la emergencia de una importante ductilidad. En el título del año pasado con Jorge Sampaoli la forma nunca cambió y en eso estuvo la raíz del éxito. Ahora se puede transitar entre el sometimiento a través de la tenencia del balón con ataques permanentes y el repliegue para consolidar la seguridad defensiva y en dos o tres pases llegar al gol.

Contra Argentina en la final, esto puede resultar crucial. Los trasandinos por momentos controlarán el juego y será vital reagruparse, asegurar la portería y salir rápido (como contra Colombia). En otra instancia del duelo, con el monopolio del balón habrá que manejar las acciones y buscar entrarles a los argentinos (como en el duelo ante México). Vamos a ver qué pasa.