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Campeones mundiales de la mediocridad

El 5 de noviembre en este mismo portal se publicó un largo y fundamentado artículo donde se explicaba las razones por las cuales el campeonato chileno era uno de los peores de América Latina, muy inferior al colombiano, incluso al paraguayo (Los datos que ubican a la liga de Chile entre las peores de América). Entre lo que se señalaba destacaban el fracaso rotundo de los equipos nacionales en la Copa Libertadores y Sudamericana; las mínimas ventas de jugadores al extranjero, siendo la mayoría a equipos chicos de Europa donde con suerte llegan a la banca; la casi inexistencia de seleccionados de otros países en nuestra competencia, salvo el boliviano Lampe y el paraguayo Villar. A esto podemos sumar la inexistencia del descenso y el hecho que sea el campeonato más corto del mundo, con apenas quince fechas para determinar al campeón.

Según la IFFHS, el campeonato chileno es el número 31 en el mundo, superado por Argentina, Colombia, Paraguay, Ecuador y Brasil en Sudamérica. A nivel global, países como Túnez, Chipre o Noruega tienen competencias más robustas, aplicando todos los parámetros.

Pese a lo contundente e inapelable de estas cifras, los señores propietarios (no son dirigentes) no parecen darse por enterado. No les importa. Lo único que les quita el sueño es cuánta plata van a ganar, cuál es la cuota, de qué tamaño en el pedazo de la torta.

La señal más clara de lo anterior es lo ocurrido en las últimas semanas en relación a la venta o licitación del CDF. Seamos francos: el fútbol profesional chileno está en la quiebra. Nada nuevo. Lo escandaloso en esta ocasión es que nunca han entrado tantos recursos ni los clubes han recibido tanta ayuda del estado con la remodelación o construcción del 80% de los estadios donde se juega la competencia local. En los últimos cinco años, además de los ingresos fijos del CDF, se deben sumar los cada vez mayores excedentes de los derechos de televisión, los 44 millones de dólares de los derechos de la selección que Jadue le entregó a los clubes a través del subterfugio ilegal de dinero para divisiones cadetes y el préstamos que pidió la ANFP a la banca para saldar las deudas de las sociedades anónimas deportivas con los factoring (30 millones de dólares).

Como queda establecido, lo que menos les ha faltado a las S.A. es dinero. Les ha entrado por todos lados, de manera legal, ilegal y en el límite del offside. Pero, una vez más, están secos, muertos.

Y ahora, ante la inminente entrada de nuevos recursos, para tapar los hoyos anteriores o seguir profundizando los ya existentes, se sacaron los ojos en una larga negociación para repartir los beneficios de una posible venta simulada del CDF. Bueno es señalar que estos mismos dirigentes ya se habían sacado los ojos el año pasado en el mismo trance, sólo que entonces en el marco de asegurar los porcentajes de la televisión hasta ¡2027!

Ojalá gastaran toda esa energía en diseñar una estructura del fútbol profesional sana, con reglas claras, con reinversión de recursos en divisiones inferiores, con un torneo fuerte, competitivo, que premie a los que hacen bien las cosas y castigue a los vivos, los que arman planteles mínimos para sacar la mayor tajada de la televisión. En definitiva, un torneo donde la plata se juegue en la cancha y no en la mesa del almuerzo o con el vermú en la mano mientras cae la tarde en algún bar del barrio alto.

Pero no, todo lo contrario, el dinero ya está repartido por doce años. Da lo mismo cómo juegue tu equipo, si tus hinchas queman los estadios, si con suerte salvas la categoría cada año. Total, con el blindaje que hay de Tercera a Segunda Profesional y de Segunda Profesional a la B, siempre tienes la posibilidad de salvarte por secretaría.

Antes de empezar el campeonato, y por muchos años, cada club sabe cuánto dinero le va a entrar. Da lo mismo lo que haga, si es campeón o penúltimo no es relevante. La plata ya está repartida. Un desastre. Los dirigentes, ante la licitación, tuvieron una nueva oportunidad de corregir el sistema perverso de repartición de recursos. Ése, como ya está visto según el informe de la IFFHS, que sólo promueve la mediocridad deportiva. Pero, claro, a estos señores el fútbol les importa bien poco.