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#ForçaChape

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Operaciones de rescate del accidente aereo del vuelo que transportaba al Chapecoense.
Operaciones de rescate del accidente aereo del vuelo que transportaba al Chapecoense.DIARIO AS

Son de esas noticias que no quieres que sean verdad. Es el momento en que deseas que todo sea un mal sueño del cual puedas despertar cuanto antes. El accidente aéreo del Chapecoense, con 71 muertos y seis sobrevivientes, fue un fuerte golpe. Uno demasiado duro de asumir para el despertar de un día común y corriente.

Cuando ya se confirma que es realidad pura, deseas que dentro de la tragedia surjan más buenas noticias, como lo fue descubrir que el jugador Helio Sampier Neto seguía con vida cuando fue rescatado desde debajo del fuselaje del RJ85 de la aerolínea boliviana LaMía, que trasladaba al equipo del sur de Brasil desde Santa Cruz de la Sierra a Medellín.

Chapecoense es el Magallanes de Brasil. El equipo al que todos le tienen simpatía y que nadie puede odiar. Un equipo modesto que había escalado de cuarta a primera división en seis años. Y que, con humildad y talento, había llegado a la final de la Copa Sudamericana. Todo Brasil iba por el Chape. Un cuento de la cenicienta parecido al del Cobreloa de comienzos de los ochenta.

Las tragedias llevan, casi sin querer, a recordar otros accidentes aéreos relacionados con el deporte, especialmente en la compleja región de Los Andes, como fue el de Green Cross en 1961 y el de los rugbistas uruguayos en la zona de Tinguiririca y que posteriormente fue llevado al cine. Y también llevan a pensar en el destino.

Danilo Padilha, el portero que estuvo en la lista de sobrevivientes y falleció más tarde en el hospital, tuvo una atajada milagrosa de último minuto en las semifinales ante San Lorenzo. Cuesta creer que esa portentosa estirada del pie derecho de Danilo, aplaudida y festejada a rabiar, pudo cambiar la historia. Con ese gol clasificaban los Gauchos de Boedo.

Alejandro Martinuccio, el único extranjero de la plantilla, estaba lesionado. El argentino quería ir a Colombia, pero el técnico le dijo que se quedara en casa, recuperándose para la próxima temporada. Se perdió el viaje, al igual como le pasó al megaastro inglés Bobby Charlton en el vuelo de la tragedia del Manchester United, y a quien el destino le tenía reservado el protagonismo máximo en el Mundial de 1966.

La selección argentina voló hace 18 días en el mismo aparato que capotó esta mañana por desperfectos eléctricos en el cerro El Gordo de la provincia de Antioquia. La albiceleste lo usó en el triste regreso desde Belo Horizonte tras la caída ante Brasil. Varios equipos más, incluído el Atlético Nacional de Medellín, rival del Chape en la final de la Sudamericana, ocuparon la misma aeronave. Y en estos momentos, todos deben estar pensando en que bien les pudo haber tocado a ellos. De hecho, los colombianos iban a tomar el mismo charter para viajar a la revancha.

Con el correr de los días se conocerán más historias de este tipo: el hijo de Caio Junior que no pudo ir por la pérdida del pasaporte; el tercer arquero Marcelo Boeck, quien pidió no viajar para festejar su cumpleaños; el sorteo por la localía de la final. Y otros más.

Cuando ya no es posible que surjan nuevos sobrevivientes, aparece otra buena noticia: Nacional de Medellín solicitó que el trofeo se le entregue al Chapecoense. Un hermosísimo gesto, sin precedentes, que enaltece los valores humanos y del deporte, pero que difícilmente atenuará el profundo dolor de todos los hinchas del fútbol en el mundo.

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