Vacas Sagradas

Carlos Helller le paró el carro en seco a Johnny Herrera. No lo hizo en privado ni se lo mandó a decir con nadie. "No nos gustan los cabrones", disparó. Y aunque habló en plural el dardo iba dirigido al capitán azul.

A Herrera lo conocemos, es un ídolo, un arquero que ganó todo en la U. Pero también es un cabronazo, provocador, un tipo sin pelos en la lengua, con lo bueno y lo malo que lleva implícito. En esta pasada le pegó un viaje de aquellos a Víctor Hugo Castañeda y a la dirigencia de Azul Azul por innovar con la dupla técnica de VHC y Musrri, con una fórmula que "no funcionó antes en ninguna parte del mundo". Fue durísimo, castigador.

El guardameta hace rato viene jugando para él e imponiendo una lógica atentatoria contra la interna del club. Porque supongamos que Herrera tiene razón y los dirigentes erraron en la decisión, ¿pero dónde está su autocrítica? ¿O alguien cree que el arquero titular de la U sigue atajando como antes? Herrera le pega fácil al entorno, a los juveniles agrandados, a los que se fueron del club y brillan en otros equipos, a los dirigentes que sólo le extendieron su contrato hasta fines de 2017, pero de su nivel no hace referencia. Suenan los grillos.

En el fútbol se agradece cuando los técnicos o futbolistas se salen de los moldes tradicionales y obvian los códigos. Qué duda cabe que es saludable hablar con una dosis mayor de realismo e ir de frente. Herrera lo hizo, muchas veces y acertó. Fue un aporte. Remeció el camarín, las estructuras. Pero en el último tiempo se salvó solo. Y no calibró que le estaba haciendo un daño al club. Debería hacer una introspección, salirse de la contingencia y racionalizar sus actos porque su responsabilidad es mayor que la del resto, es un histórico del club.

Sería una lástima que Herrera saliera de la U por su encontrón con Heller. Merece el raspacacho. Pero si realmente quiere lo mejor para el club tendría que irse de vacaciones, despejar la cabeza y volver, en silencio, para contribuir al reposicionamiento de la U en el sitial que se merece. Siendo protagonista de todo lo que juegue.

En estas líneas no se trata de cuadrarse con el presidente de Azul Azul porque Heller, solito, definió su temporada como "un fracaso" sino de invitar a Herrera a recapacitar. A tirar el carro para el mismo lado. Si no lo hace, mejor que se vaya, cierre su ciclo en la institución y busque nuevos rumbos. A un arquero de su trayectoria, equipo no le va a faltar.