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Los motivos detrás del 'boom' de nacionalizados en el fútbol chileno

FIEBRE DE NACIONALIZADOS

Los motivos detrás del 'boom' de nacionalizados en el fútbol chileno

El límite de los cupos de extranjeros y el fracaso del fútbol joven nacional han impulsado un aumento en los nacionalizados. Por trabajo o por una oportunidad en la selección, el fútbol chileno se está llenando de nuevos chilenos.

El fútbol no es ajeno a las discusiones sociales de su entorno. Y en el medio del debate migratorio en Chile, donde se está discutiendo una modernización de las normas de inmigración, los equipos de fútbol nacional también se empiezan a adecuar a la nueva realidad del país. Y no se trata de los hijos de extranjeros que están destacando en las divisiones inferiores de los clubes. Son profesionales que llegaron hace 5 o 10 años a un club profesional y que hoy por necesidad o gusto solicitan la nacionalidad chilena. Y es que existe un boom de nacionalizados que es reflejo de un Chile multicultural.

Pero estos cambios han sido, de cierta manera, forzados por la institucionalidad. Hay que remontarse al momento que el Consejo de Presidentes de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) fijó un límite en la cantidad de extranjeros en los partidos de la liga nacional para ver el origen de este proceso. En esa ocasión se limitaron los cupos tanto en el plantel (7) como en cancha (5) con el propósito de fomentar la competición de jugadores locales e impulsar el capital semilla dentro del fútbol profesional: Cadetes. Sin embargo, el bajo rendimiento obtenido por los seleccionados juveniles ha obligado -en la práctica- el impulso por parte de los clubes a la nacionalización de sus estrellas extranjeras. Ejercicio que, desde 2015, ha ido en aumento.

Según estadística obtenidas por AS.com, en el torneo de Clausura 2017 hay 91 jugadores que no nacieron en suelo nacional. Once de ellos, y tras varios años de pernoctación en suelo nacional, han optado por nacionalizarse como chileno. Universidad de Chile y Universidad de Concepción son los equipos con más jugadores nacionalizados: Gustavo Lorenzetti y Fernando de Paul en el caso de la U y Alejandro Camargo y Cristián Muñoz en el equipo campanil.

La lista de nacionalizados la completa Juan Pablo Miño (Audax Italiano), Ramón Fernández (Colo Colo), Omar Merlo (Huachipato), Mathias Riquero (Iquique), Pablo Calandria (O’Higgins), Juan Pablo Gómez (San Luis) y Germán Lanaro (U. Católica). Lista que iría incrementándose con la inclusión de Maximiliano Ceratto (Everton) y Raúl Becerra (Everton), quienes ya habrían empezado sus trámites para poder ser chilenos. En el caso de Barroso de Colo Colo, está inscrito con cupo de extranjero para este campeonato.

En total son 10 argentinos y un uruguayo que han decidido, por distintos motivos, tomar la nacionalidad chilena. La gran mayoría se debe por estabilidad social que tienen sus familias en Chile. Muchos de ellos empezaron a formar sus familias en suelo nacional, tuvieron hijos y han logrado un vínculo mayor con los chilenos. También existe la aspiración de participar en el seleccionado nacional, que tanto éxito ha tenido en los últimos años. Pero más importante ha sido la estabilidad laboral y las necesidades de sus clubes por liberar uno o más cupos de extranjeros de sus planteles.

LA GÉNESIS DEL REGLAMENTO

El límite de extranjeros en cancha es una idea que originalmente fue promovida por la directiva de Sergio Jadue. Se trataba de una política ambiciosa. Los equipos iban a tener un límite de cinco extranjeros en su plantilla y sólo cuatro en cancha. Y a pesar que iba a afectar a gran parte de los clubes, la decisión fue aprobada por unanimidad en abril de 2015, no obstante, a mediados del año pasado fue modificada por el actual directorio, aumentando un jugador en cancha y a siete los inscritos en el plantel. Esto último con la condición que dos de esos siete tienen que estar en edad de juvenil (sub-20 o menor).

Esta política, en conjunto con la obligación de poner juveniles en el campo de juego por al menos 675 minutos, sería un incentivo para foguear a las futuras promesas del fútbol chileno. Un plan calculado por los dirigentes del fútbol nacional, que promovería nuevos baluartes para el fútbol nacional y así continuar con el legado de una generación dorada. Aunque más importante es dar continuidad a los millonarios contratos que se firmaron durante la administración Jadue por los derechos comerciales y televisivos de La Roja, y que han sido repartidos entre todos los clubes asociados.

Pero la realidad ha demostrado estar distante a lo que se pensó en ese entonces el Consejo.

Por un lado, los entrenadores ven más como una imposición la inclusión de juveniles en el campo de juego. Es cosa de ver los clubes que se han visto presionados por cumplir la norma. En el torneo pasado, a cuatro fechas del término, eran cinco los equipos que no estaban cumplido con la norma.

Mientras que el rendimiento mostrado por las selecciones menores no han visto una mejora al histórico mal rendimiento de los chilenos en estas divisiones. A modo de ejemplo: la Selección Chilena Sub-20 sólo ha ido a uno de los últimos cuatro mundiales de la categoría (Canadá 2007). La Rojita Sub17, además de la vez que Chile organizó un mundial, sólo ha logrado entrar a dos mundiales. Es más, tenemos que remontarnos a 1997 para ver la última vez que la rojita clasificó al grupo final de un sudamericano.

DIVIONES MENORES EN LA “B”

La formación de jugadores es un beneficio que va más allá del posible rédito económico que puede llegar a tener el club por la venta de su pase. El fútbol joven tiene un gran valor para la ANFP, porque beneficia al “producto selección” que se ha transformado en la gran fuente de ingresos de la corporación.

Pero el torneo juvenil quedó en ascuas tras la modificación realizada en la era Jadue. Ahí se dividieron los equipos por zonas regionales, con el fin de ahorrar en transporte y alojamiento de las escuadras. Esto, en la práctica, restó competición entre los equipos y, a posteriori, bajó el nivel de los jugadores. Y sólo los mejores clasificados accedían a competir frente a los equipos de mejor rendimiento.

Y se han realizado esfuerzos enfocados en lograr esto último. De hecho, los fondos para desarrollar el fútbol joven han ido creciendo contundentemente en el último tiempo. Sólo durante la administración de Sergio Jadue se entregaron más de $700 millones por club de dineros provenientes de contratos de la Selección Chilena.

De hecho, en entrevista con Qué Pasa, el directorio aseguró que aumentarán los $500 millones de presupuesto que tiene el fútbol joven a $2.000 millones y que modificarán el torneo actual de juveniles: “Se jugará un torneo de transición entre los 37 equipos que tienen series inferiores para determinar una primera A y B, todos contra todos. Con tres descensos y ascensos anuales”.

Los fondos entregados bajo el concepto de “fútbol joven” traen resquemores entre los entendidos, porque más dinero no significa que existirá una mejoría. Es más, esta misma fórmula la utilizó Jadue para repartir dineros entre los clubes, donde existen dudas si la inversión llegó realmente a los futbolistas en formación (Ver recuadro).

Así las cosas, los clubes tienen la compleja tarea de formar jugadores y, al mismo tiempo, mantenerse competitivos en la liga nacional. Algo complicado, por lo que se han visto obligados a acudir a sus extranjeros para que busquen la nacionalización y así poder utilizar los cupos de extranjeros en refuerzos.

LOS NUEVOS CHILENOS

AS.com habló con algunos de los extranjeros que han optado por la nacionalización. Y aunque gran parte de ellos admite la necesidad de los clubes por los cupos limitados, las razones más importante va por lo familiar.

Fernando de Paul, arquero de la Universidad de Chile, no tenía mucha información de Chile cuando llegó a San Luis de Quillota hace casi 8 años. Menos pensaba que se iba a quedar tanto tiempo. Pero tras 6 tremendas temporadas en el equipo canario pasó a un equipo grande, la Universidad de Chile, donde ha respondido cada vez que le toca jugar.

“A medida que fueron pasando los años me fui sintiendo más cómodo. Creo que el nacimiento de mi hija fue fundamental y nosotros, con mi mujer, vemos que ella está bien. Está segura”, aseguró De Paul a AS.com. Pero esto no significa que va olvidar su pasado. Recuerda sus tradiciones, su pueblo y mi familia. Pero la cercanía es otra de las razones por las que decidió quedarse en el país.

Una de las cosas que más destaca es nuestra manera de festejar. En especial las fiestas nacionales en septiembre: “Es algo muy lindo cómo festejan las fiestas patrias. Muchos días. Se come y toma bastante, pero está bueno cómo lo viven”.

En sus siete años en el país, Mathias Riquero (nacido en Uruguay) ha disfrutado de los diferentes paisajes que ofrece Chile en su lago territorio. Esto gracias a que estuvo en dos clubes: uno al sur del país y otro en el norte. Primero fue Ñublense en 2011, donde estuvo durante cuatro años, y luego en el exitoso Deportes Iquique, donde se encuentra hoy en día. Y su razón para optar por la nacionalización es simple: “Chile es un país que nos trata muy bien. Mi hija ya es chilena, y bueno, el ser chileno tiene el plus que para el trabajo que yo tengo abre un poquito más la posibilidades”.

Y si bien, reconoce que “uruguayo voy a ser siempre”, hay cosas que ha adoptado: “Como sociedad, viendo que tienen muchos problemas de catástrofes, los veo como un país muy solidario. Todo el mundo ayuda desde su lugar y va a dar una mano. Yo me quedo con eso. Por suerte no he tenido ninguna mala experiencia. A mí siempre me han tendido una mano. Han sido muy solidarios. Excelentes anfitriones y eso se agradece. En sí, eso hace que uno este feliz”, asegura.

Con más de 10 años en el medio nacional, Gustavo Lorenzetti celebró con una empanada su nacionalización. “Chile es prácticamente mi casa. Estoy muy agradecido y muy contento", dijo cuando se oficializó su condición.

Mientras que Pablo Calandria, delantero de O’Higgins, aseguró en Publimetro que “fue algo personal y rápido. Se lo comenté a mi esposa y no hubo ningún problema, discusión o planteamiento por parte de mi familia. Sobre las supuestas presiones de su club para que realizara el trámite, Calandria dijo que “el club me lo comentó, averiguamos que se podía hacer y la verdad es que dije que no tenía problemas. Uno lleva tiempo aquí y se siente parte del país. La mayoría tenemos hijos chilenos y el trámite lo hice contento”, concluyó.

El negocio del fútbol joven

Durante los cinco años dirigidos por Sergio Jadue se repartieron unos $714 millones a cada club por el concepto de “fútbol joven”. Esto se trata de una fórmula, dada a conocer por CIPER, y que permitía un reparto de los contratos de la selección chilena entre los clubes asociados en la ANFP. Y es que la corporación no puede repartir utilidades o fondos entre sus asociados, por lo que necesitaban justificar la manera de cómo se iban a realizar este apoyo. Y se decidió justificarlo con el principal producto de la ANFP: La Selección Chilena.

Pero no existe certeza por ninguna entidad que estos gastos se hayan invertido en el fútbol joven. Según una dirigente consultado por CIPER en esa ocasión “en Impuestos Internos sólo se hace una revisión documental, pero nadie, ni la ANFP ni la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) o el Ministerio de Justicia, que recibe las rendiciones y memorias anuales, revisa si la compra de indumentaria, comida o tanta otra cosa que se dice en el papel, es real o no”.

Y es que la capacidad para fiscalizar este tipo de inversión no existe. Se tendría que tener un personal que revise y contraste las boletas de compras con la ejecución de servicio. Algo prácticamente imposible.

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