Chamaco Valdés

Cada vez que Esteban Paredes anota un gol, revisamos las estadísticas para ver cuántos goles le faltan para alcanzar el récord de Francisco Chamaco Valdés. Hablamos mucho del actual goleador de Colo Colo, por razones obvias, pero nos referimos poco al poseedor del registro, uno de los mejores jugadores chilenos de todos los tiempos.

Hay que decir que Chamaco no era delantero. Pese a eso anotó más goles que nadie en Chile: 215 goles, cifra aún no superada. Repartida a lo largo de los años, porque nunca fue el máximo anotador de un certamen. Lo suyo no fue una racha, fue una secuencia. Siempre había alguien que convertía más goles que él, pero nadie lo hizo durante tanto tiempo. Es el segundo máximo anotador de Colo Colo, con 205 conquistas, tres menos que Carlos Humberto Caszely.

Fue uno de los principales estandartes del Colo Colo 73, aquel equipo de Luis Alamos que rozó la gloria en la Copa Libertadores. No era un mozuelo Valdés para esa época. Ya contaba con 30 años. Era un futbolista maduro, con peso. Como los grandes jugadores, Chamaco no destacaba únicamente por sus alardes personales. Generaba que el resto jugara mejor. Sacaba el mejor rendimiento posible a sus compañeros. Caszely, Véliz, Ahumada, Messen, Galindo, vivieron su mejor época cuando jugaron en el mismo equipo con Chamaco.

Era un líder dentro y fuera de la cancha. Lo reflejan un par de historias. En pleno proceso rumbo al Mundial de Alemania 74 todos sabían que Valdés y Carlos Reinoso, el crack del América de México, no tenían una buena relación. El Zorro Álamos los conminó a dejar las diferencias de lado porque ambos serían titulares en la Copa. Había que elegir al capitán. Astuto como era, el técnico reunió a todo el plantel para llevar el asunto a votación. Ofreció la palabra. El primero en hablar fue Elías Figueroa. El zaguero del Inter de Porto Alegre argumentó que Chamaco era el indicado. Había muchos jugadores de Colo Colo en el plantel, conocía al cuerpo técnico, venía jugando desde hace años. Para Elías no había dudas. La jineta debía llevarla Francisco Valdés.

Álamos se paró en medio del camarín. “Listo. Chamaco entonces. A entrenar”. Nunca hubo votación. La voz de Figueroa era aval suficiente.

Ser capitán del equipo no era sólo asistir al sorteo y elegir el lado. Chamaco Valdés intercedió personalmente para que Hugo Lepe, ex mundialista del 62, arquitecto reputado, creador del Sindicato de Futbolistas, fuera liberado tras su detención en el estadio Nacional en los primeros meses de la dictadura. Cuando Chile preparaba el viaje al Mundial de Alemania, una orden emanada desde la Junta, prohibía que el paramédico Hernán Chamullo Ampuero fuera parte de la delegación, por su cercanía política con la izquierda. Consideraban que era un peligro de fuga. Sospechaban que podía pedir asilo en Europa. Chamaco no dejó espacio para la duda. Se reunió con los dirigentes chilenos.

-Si Chamullo no viaja, tampoco viajo. Y varios compañeros están dispuestos a sumarse.

Ampuero fue incluido. Y no se fugó ni pidió asilo político tras el Mundial.

Esteban Paredes se merece los elogios que recibe semana a semana. Es un goleador incombustible. Es probable que supere el récord de Chamaco. Por eso es bueno revisar la historia de Francisco Valdés, todavía el máximo goleador en torneos nacionales. Un hombre cuya historia va mucho más allá de sus 215 goles.

 

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