La Copa es otra cosa

Colo Colo mantuvo una tendencia que parece una maldición: el mal arranque en la Copa Libertadores. Los albos perdieron en su debut contra Atlético Nacional jugando como local. Pese al mal resultado, la chance de clasificar a la segunda fase sigue intacta. Es recién el primero de los partidos, la Copa acaba de partir y el grupo de los blancos aparece accesible.

Pero el partido dejó señales que vienen a confirmar una profecía autocumplida. El nivel de los equipos nacionales sigue chocando contra una pared si de torneos internacionales se trata. A medida que avanzaba el reloj, uno sentía que había visto muchas veces el mismo partido. Demasiadas. Revisamos la estadística para ver desde cuando un equipo supera la primera fase. Hablar de un buen campeonato, de pelear arriba, de sostener una campaña en los años, parece una quimera.

Pablo Guede dijo que Colo Colo había hecho un gran partido. No fue así. Que había dominado y neutralizado a los colombianos. No fue así. Existe una moda, una confusión respecto a la forma de jugar. En Chile se ha instalado un dogma. Si no juegas con tres atacantes, eres conservador. Ratón. Si cierras las puertas para mantener un resultado, es casi un pecado mortal. Se habla de fútbol moderno al que ataca sin cesar, como si fuera la única fórmula de ganar un partido o hacer una buena campaña.

Atlético Nacional se refugió en el segundo tiempo. Jugó de contra. Sin asco. Su técnico lo reconoció tras el partido. Con la apertura de la cuenta, Almirón reforzó este concepto. Y ganó el partido. No le pasó nada. No se abrió la tierra y se lo trago. No cayó en las brasas del averno. Nada.

No digo que se deba ganar de cualquier modo. Veo con inquietud y cierto grado de sospecha, que se ha instalado un mandamiento. Existe una sola forma de jugar bien. Una sola que merece aplausos y alabanzas. Un solo modo provoca el halago de la crítica. Todos son el Manchester City.

¿Qué es jugar bien al fútbol? No tengo idea. Sospecho que no existe una sola respuesta. Creo que lo más parecido es cumplir con el plan que elaboraste, siempre en relación con los jugadores que tienes. Porque si te crees ofensivo y no anotas, jugaste mal. Si te metes atrás y te ganan, también jugaste mal. Se extrañan los matices en los equipos chilenos. El todo o nada no conduce a ningún lado. Este lunes, dos entrenadores supuestamente conservadores como Luis Marcoleta y Martín Palermo, protagonizaron un 4-4 con sus equipos, Curicó y la Unión Española respectivamente. Atacaron bien, marcaron pésimo. Un partidazo desde el punto de vista emotivo. Un duelo de dos equipos sin equilibrio, me parece.

Se molestó Pablo Guede cuando se le consultó por el estado físico de Esteban Paredes, Jaime Valdés, Jorge Valdivia, Julio Barroso, antes del inicio de la Libertadores. El debut demostró que no debe enojarse. Debe buscar una solución. La Copa es otra cosa.

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