FÚTBOL CHILENO

Los días de Canales tras el retiro: "Me encantaría ser entrenador"

Hoy, el ex goleador integra el directorio de Unión Española y se prepara para convertirse en DT. "Siento que puedo realizar un aporte", manifiesta.

"Estoy aprovechando los días para darle descanso al cuerpo. Terminé mi carrera con muchas lesiones", comenta Gustavo Canales al recibir a AS Chile en el condominio donde reside en el sector de San Carlos de Apoquindo, en Las Condes.

Se cumple ya un semestre desde su retiro oficial de las canchas, con el último partido formal de Unión Española en el pasado Torneo Transición. Hoy, el ex goleador, quien tendrá su partido de despedida este viernes en el Estadio Santa Laura, afronta con tranquilidad sus días lejos del fútbol competitivo.

"He parado la vorágine que uno vive cuando es futbolista y así tomar decisiones en base a lo que viene. Tengo mis ojos puestos en lo que es Unión, el club es como mi casa. Estoy terminando el curso de entrenador también. Lo que tengo como más formal es la invitación que recibí para integrarme al directorio de Unión. Me da un punto de vista que conocía y eso es muy interesante", afirma Canales.

-Usted está estudiando en el INAF. ¿Decididamente pretender ser entrenador?
-Me encantaría. Me puse a hacer el curso, porque me picó el bichito para proyectarme como entrenador, una vez que uno deja de jugar. Tuve muchos entrenadores que me dejaron enseñanzas y otros no. Juntando todas esas experiencias y capacitándome siento que puedo realizar un aporte.

-Tiene raíces chilenas por su madre y su abuela. ¿Imaginó en algún momento terminar viviendo acá en el país?
-Uno cuando joven imaginaba muchas cosas. Mi idea era estar dentro de una cancha y poder vivir del fútbol. Fui de hacerme en la cabeza varias cosas, de tener objetivos bien claros y trabajar por ellos. Pero el fútbol medio más de lo que yo esperaba. Estamos enamorados de Santiago y de todas las comodidades que nos brinda a nivel familiar, que es lo más importante para mí.

-¿Veía lejana la posibilidad de venir a jugar a Chile?
-No, no lo veía lejano. Mi mamá y mi abuela son chilenas. Mi mamá siempre me decía ‘tú vas a jugar en Chile’. No sé por qué lo decía. Me decías ‘vas a triunfar en mi país, porque en algún momento vas a jugar en Chile’. Yo era chico y me alentaba para que esto pasara. No llegaba la oportunidad y, en el momento menos esperado, se dio la posibilidad. Ahí se me vino de nuevo a la mente lo que me decía mi vieja. Tomé la oportunidad y me aferré a ella.

-¿La llegada a La Serena en 2007 resultó clave entonces?
-Sí, fue fundamental . Llegué a un club con dificultades y había dificultades para entrenar y poder jugar. Pero me encontré con gente con un corazón muy grande, con el profe Víctor Castañeda, que me supo esperar. Me lesioné al llegar y tenían prácticamente listo devolverme. Llegué acá con dos hijas, mi mujer y una responsabilidad gigante. No me conocía nadie y el contrato que firmé no me permitía terminar el mes. Pero esas fueran las condiciones ideales para salir adelante.

-¿El panorama mejoró con su partida al Once Caldas de Colombia?
-Mira, cuando llegué allá, el entrenador me dijo que quería que jugara de enganche, que veía condiciones para hacerlo un poco más retrasado. El ‘9’ era Dayro Moreno, un delantero que hacía muchos goles. Acepté y jugué todo un año de enganche. Fue complejo para mí, porque de delantero uno se aferra mucho a las estadísticas y solo hice cuatro goles en todo el año. Perdí esos buenos números que traía jugando de ‘9’.

-Pero cuando volvió al país, a Unión Española, volvió a jugar de '9'.
-Claro y crecí de golpe, porque fue un año espectacular el 2009. No salimos campeones, porque cometimos algún error en la final y eso nos hizo perder contra la U. Hicimos también una Copa Sudamericana muy buena. Hice muchos goles y eso provocó que recibiera muchas propuestas. Opté por irme a River Plate por todo lo que significaba en ese momento.

-¿Le quedo la espinita clavada por alcanzar el éxito en River, un club grande del país donde nació?
-Sí, cuesta mucho llegar allá. Soy de una ciudad (General Roca) a más de mil kilómetros al sur de Buenos Aires. Siempre soñé jugar en un equipo grande de Argentina. Nací mirando el fútbol argentino y haber tenido esa chance me pone orgulloso, pero me hubiera gustado mostrar mi fútbol. Sé que podría haber dado mucho más.

-¿Qué le pasó en River?
-Llegué a un equipo que ya estaba prácticamente contaminado. El ambiente era muy pesado y estaba muy difícil para jugar. Me fui contagiando en el mismo ritmo de mis compañeros. Terminamos siendo un equipo que no jugaba bien, que perdía mucho. Solo hice dos goles y jugué ocho o nueve partidos de titular. Un número muy menor para lo que significa River. En esos clubes no duras muchas cuando no rindes. La pasé mal, pero no me quejo de nada.

-En Unión logró finalmente salir campeón el 2013.
-Unión siempre da pelea, pero lamentablemente estamos acostumbrados a no festejar muy seguido títulos. Me fui a River con el dolor de haber perdido una final y sufrí mucho. Pero después hubo revancha y Dios me dio esa posibilidad. Unión me abrió las puertas luego de un doping positivo en Argentina y yo le respondí en la cancha. Me recuperé, pude jugar muy bien y hacer muchos goles. Ese fue el mayor regalo que me dio Unión. Después el título del 2013 fue otro premio que recibí, porque no me podía retirar del fútbol sin haber salido campeón con el club.

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