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Lo miramos por TV

Ya nos tienen aburridos con el chiste repetido, pero lamentablemente es cierto. Vemos el Mundial por la televisión. No nos queda otra que tomarlo con humor, o mejor aún, hacer algo al respecto para no ser los protagonistas de la burla.

Nos agrandamos. Es verdad. Todos. Jugadores, técnicos, periodistas, hinchas. Con dos Copa América ganadas confiamos que la clasificación estaba en el bolsillo. Y cuando empezamos a preocuparnos, ya no había mucho que hacer.

De los costalazos se aprende. Bien lo sabe México. Quizás podríamos imitar su ejemplo. Un 18 de junio del 2016, Chile goleó al Tri por 7-0. Un resultado increíble. Tan contundente como irrepetible. Uno de esos partidos que se dan una vez en la vida. Estuve esa tarde noche en Santa Clara. Un estadio inmenso, lleno de mexicanos, un partido magnífico de Chile. A la Roja de Pizzi le salió todo esa noche. No sólo le hizo siete a los mexicanos, sino que fue merecido.

Muchos de esos futbolistas mexicanos, dos años después y en un Mundial, sorprendían a los alemanes campeones y al planeta completo. Pero si repasamos lo que hicieron los norteamericanos en estos dos años, no es tan sorprendente. Sostuvieron a su entrenador porque creían en su forma de trabajo. Cambiaron el esquema de juego a uno más acorde a los intérpretes que tenía. Renovaron el plantel, pero no en su totalidad. Fortalecieron la liga local hasta convertirla en una donde se pagan salarios del primer mundo. Y planificaron cada detalle. El entrenador Juan Carlos Osorio confesó que habían preparado el debut mundialista desde hace seis meses. Cada momento. Cada partido. Cada modificación. Seguimiento a todos los jugadores. Planificación minuciosa de todas las posibilidades que te da el juego. Es cierto, Alemania pudo haber empatado en el segundo tiempo. Pero lo que hizo México no depende de un remate en el palo o un resultado preciso. Después de su goleada más humillante, trabajaron. Trabajaron y trabajaron. Y siguieron trabajando.

Un 18 de junio del 2014 fue Chile el animador de la fiesta. La Roja le ganó a España en Maracaná. Un escenario inolvidable, con miles de hinchas en las gradas y un equipo que fue superior a la mejor generación hispana de la historia. Eliminamos al campeón del mundo. A ratos no le pasamos la pelota. Un equipo que parecía jugar con trece, por la dinámica vertiginosa. Una irreverencia llamativa. Otro de esos juegos que no se olvidan jamás.

Pero algo pasó. Nos relajamos. Todos. Dejamos de apretar la tuerca. Nos creímos los mejores porque lo fuimos. Pero se nos olvidó que en el camino está la recompensa, que no somos un país del primer mundo futbolero y si llegamos a esas instancias, si llegamos a ganarnos el respeto de todos, fue porque hubo mucho esfuerzo hasta conseguir los objetivos. Una ética del trabajo. Nada es gratis.

Ojalá ver el Mundial por TV nos sirva. Más de la mitad de los equipos que juegan en Rusia son menos que Chile. Eso nos da más rabia. Al menos a mí.

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