Hasta siempre maestro

Cuando hablamos del ciclo de la vida y fallece una persona de 77 años, por lo general, hoy nos parece prematuro. En tiempos de la cuarta edad, del avance de la medicina, intentamos convencernos de que es posible postergar la muerte, haciéndole una finta al destino, manejando en la pizarra, de algún modo, las variables de riesgo. Tendemos a decir que el segundo tiempo empieza a los 46 y que los 40, son los nuevos 30. Pero el fin del partido llega muchas veces sin avisar y, frecuentemente, no es en el minuto 90.

Este sábado, a los 77 años falleció Alberto Fouillioux. Y claro que parece prematuro. Porque Tito, como en algún minuto sucedió con Julio Martínez o Sergio Livingstone, parecía inmortal, omnipresente, aunque sus apariciones en los medios fueran parte del pasado. Será que un cuarentón futbolero como uno creció viendo sus transmisiones televisivas y radiales y luego desde la misma vereda, ya en el ejercicio de la profesión, valoró profundamente sus cualidades profesionales. De seguro fue así. Pero Fouillioux representó también mucho para otras generaciones que tuvieron el gusto de verlo en la cancha y desde 1976 en los medios de comunicación luego de que Alfredo Lamadrid lo invitara a participar junto a Milton Millas en un programa televisivo llamado Hablemos de Fútbol.

Con 21 años, Tito fue uno de los jugadores más jóvenes de la gesta del Mundial del 62. Y el solo hecho de formar parte de aquella conquista le confiere un estatus especial en la historia del fútbol chileno. En febrero de 2016, a los 82 años falleció Raúl Sánchez, ahora corresponde despedirlo a él, al ex ídolo juvenil, al zurdo de Católica y la Roja, al futbolista que destacó en Francia, al prestigioso y preparado comunicador. Se va con máximos honores.

Para escribir de Fouillioux, en justicia, no se puede obviar su gran condición humana. Fue un señor, siempre, en la vida y las comunicaciones. Quienes trabajaron con él, en distintos ámbitos, no tienen dos opiniones. Era un tipo cálido, afectuoso, preocupado, además de divertido y estudioso. El joven periodista de Canal 13 Luis Marambio, quién no alcanzó a coincidir con Tito en la estación televisiva, recuerda que en sus inicios, durante las transmisiones del fútbol joven del CDF, compartieron mucho en Quilín, y fue un aprendizaje único producto de su humildad, generosidad y las sugerencias televisivas que le entregó. Fouillioux, a esa altura rondando los 70 años, colaboraba en la ANFP, era el primero en llegar, antes de las 8 de la mañana, y podía conversar durante horas de fútbol. Transformaba lo profundo en sencillo, dice Marambio.

Solo una postal. Porque como esta pequeña historia, hay cientos. Y, en verdad, da gusto que en tiempos de los egos desmedidos, personalismos exagerados y algunos discutibles perfilamientos para hacer carrera en el periodismo, haya quienes reconozcan la influencia de un noble comunicador como Fouillioux. Si bien es cierto que los valores se inculcan en la casa y la educación en el colegio, instituto o universidad, uno nunca deja de aprender y sacar lecciones provechosas si se cruza con la gente adecuada. Tito fue una referencia para Marambio y muchos otros periodistas.

Las comunicaciones y los medios están evolucionando a un ritmo vertiginoso y a Fouillioux se le hizo cuesta arriba mantenerse vigente en ese ámbito, pero en muchos aspectos fue un adelantado. Hoy en la radio, por ejemplo, los programas deportivos más exitosos han derivado a un mix de información, debate y variedades donde el humor y reírse de sí mismo constituye un valor importante. Tito fue el comentarista deportivo con más gracia de la época y aunque limitado por el estilo y formato de aquellos tiempos siempre se las ingenió para dejar su sello jovial y divertido.

Inolvidable exponente de la Roja, puntero de la UC, en cuyo estadio una de las tribunas lleva su nombre, y representante de las chaquetas blancas y esa base musical tan característica de Canal 13, a Fouillioux sólo queda darle las gracias. Marcó una época. Buen viaje maestro.

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