El Mundial incomprobable

La realidad es estrecha, solo la fantasía es fecunda, decía el escritor argentino Osvaldo Soriano. Esta parece ser una tendencia natural del ser humano, imaginar aquello que pudo ser, comentar el partido que no se jugó, instalarse en el pantanoso terreno de las ideas incomprobables y desde allí juzgar y defender ideas, también, incomprobables.

Este era el Mundial de Chile. Lo escuchamos y leímos cien veces. Alguna vez lo pensamos, al menos yo lo hice. Mirando las fases de grupos o incluso instancias superiores, queríamos ver ahí la camiseta Roja. Decíamos que nuestra Selección tenía los pergaminos individuales y colectivos para trepar bien arriba. En un Mundial tan parejo, Chile podía estar incluso en las semis. La pregunta es a cuál Chile nos referimos. Si hablamos del equipo de Sampaoli, del bicampeón de América, del finalista en la Copa Confederaciones, puede ser. Pero si es el que cerró con lamento las eliminatorias, en ningún caso. Ese equipo ya era pálido, parecía atrapado en sus propios defectos y despertó demasiado tarde de su letargo.

Es decir, una sentencia incomprobable.

Si Messi hubiera tenido más apoyo de una fuerza colectiva, Argentina llegaba más arriba. El zurdo habría mostrado lo que exhibe a raudales en Barcelona y la Copa se habría reconciliado con el mejor futbolista del mundo. El problema es que la misma premisa la oímos en Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y no descarto que resuene otra vez en Qatar 2022.

Sentencia incomprobable.

Si Sampaoli hubiera armado el equipo a su criterio, la albiceleste jugaba los siete partidos. Si las decisiones no fueran manipuladas por el grupo de jugadores con mayor peso, si no existieran futbolistas vetados, si el casildense hubiera mantenido la paz con su propio círculo, Argentina peleaba la corona. El problema con esta definición es que a Sampaoli le dieron todo lo que pidió, no supo mantener el liderazgo en un camarín espeso y su relación con sus ayudantes venía torcida hace rato.

Otra sentencia incomprobable.

Si Florentino Pérez no metía su cola, su insaciable afán de protagonismo mediático, España lo peleaba. Si Julen Lopetegui se hubiera manejado acorde a la seriedad de su cargo, la Roja europea habría llegado mucho más arriba. Porque tiene los jugadores, el estilo y la convicción. Es, precisamente, esa certeza absoluta entre lo que está bien y lo que está mal la que hizo que la Real Federación Española corriera el riesgo de hacer un Mundial deslavado con tal de mantener sus conceptos inalterables. Uno de ellos es que su entrenador no negocia con un club en pleno proceso Mundial.

Una vez más, sentencia incomprobable.

Hay muchas más. Que si Cristiano Ronaldo tuviera compañía, que si James no se hubiera lesionado, si Muslera no se equivoca en el segundo gol contra Francia, si Neymar jugaba más y se revolcaba menos. Puras definiciones incomprobables. La única realidad es que en un Mundial parejo llegaron a la final los equipos más sólidos, más regulares, que cometen menos errores y que se prepararon mejor. Y eso es una muy buena noticia.

0 Comentarios

Normas Mostrar