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Kid Larco

Me enteré de la muerte de Kid Larco, legendario corresponsal de diferentes medios de comunicación en El Salvador. La primera vez que escuché su nombre fue cuando realizaba mi práctica profesional en el diario El Mercurio, en la sección Deportes. Necesitaba datos de Cobresal para completar una infografía y me dijeron que lo llamara. Admito que al principio pensé que ese no era su nombre verdadero. Creí que era un seudónimo, un alias detrás de otra identidad. Kid Larco. Era un nombre llamativo, como del lejano oeste, pero en pleno desierto de Atacama. Pero Kid Larco se llamaba así. Años después tuve la posibilidad de conocerlo en un viaje para cubrir un partido de Colo Colo en el estadio El Cobre. Un señor muy educado. Un caballero. Recorrer las calles del campamento junto a él tardaba un poco más de la cuenta. Todos lo conocían y saludaban con afecto.

Kid Larco fue mucho más que el hombre que entregaba los reportes de Cobresal para algunos medios nacionales. Su figura representó una verdadera institución en el cuadro minero. En 1979 fue director técnico de una selección amateur de El Salvador, sin imaginar que ese sería el primer paso para la fundación del club que pocos años después pelearía el título de Primera División con Manuel Rodríguez Araneda en el banco y con figuras como Julio Acuña, Manuel Araya, Gustavo Huerta, Manuel Pedreros, Franklin Lobos, Sergio Salgado, Nelson Pedetti, Rubén Martínez, un bisoño Iván Zamorano.

Así eran los corresponsales a la antigua. Hombres movilizados por la pasión de su equipo provinciano. Su llegada a los medios estaba mucho más vinculada al amor que sentían por su club, su provincia, su región. Tiempos en que había que pelear para meter alguna noticia pequeña, alguna cápsula en las páginas de los periódicos gigantes de Santiago. Algunas cosas no han cambiado demasiado.

Conocí muchos corresponsales como Kid Larco. Algunos siguen hasta hoy, con su grabadora, micrófono en mano, su libreta de apuntes. Recorren el país, persiguiendo la ilusión de un equipo que dificilmente sea campeón. Escuadras que portan algo más que el color de una camiseta. Llevan la dignidad y el honor de tu provincia. Quienes nacimos fuera de la gran urbe entendemos que nuestros equipos entran a la cancha peleando algo más importante que tres puntos. Peleamos por ser escuchados, por demostrar que somos visibles y que nuestra identidad no es negociable.

Hace algunos años Kid Larco cumplió el sueño de su vida. Su querido Cobresal, el equipo que ayudó a fundar, el club que tiene su nombre inscrito como su primer entrenador, fue campeón de la Primera División del fútbol chileno. Don Kid tomó el teléfono y llamó a la redacción del diario El Mercurio para entregar los pormenores del partido final, esa calurosa tarde contra Barnechea. Seguro que una lágrima rodaba en su rostro. Quizás humedeció alguna de sus páginas y deslizó un poco de tinta. Pero daba lo mismo. Valió la pena. El milagro del desierto era una realidad.

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