Colo Colo fue el menos malo

Agustín Orión casi no usó los guantes para detener balones importantes. Un argumento poderoso para explicar el justo triunfo de Colo Colo en el Superclásico. Oscar Opazo fue uno de los puntos altos de un partido de mucha intensidad, pero pocas luces. Otro argumento. La pelota fue distribuida y mejor tratada por el equipo de Héctor Tapia. Otro más. Pocas llegadas en un partido de escaso color. Si no tuviera la expectación del Superclásico, lo podríamos calificar como un duelo discreto.

En ese promedio, los albos fueron mejores. Correctos. Un primer tiempo donde se extravió la precisión, donde se privilegió el roce continuo y se perdió la pelota. De elaboración, pocazo. Colo Colo presentaba mayores opciones de pase en cada jugada. Opazo, Pérez, Paredes, Barrios. La conducción pasó más por Claudio Baeza que por Valdivia, muy marcado y poco efectivo. Los que desnivelan arriba, como Paredes y Barrios, tuvieron pocas chances.

Colo Colo no fue mucho mejor en el segundo tiempo. No llegó demasiado. Herrera tampoco tuvo excesivo trabajo. Decir que los albos jugaron menos mal parece ser un diagnóstico feroz, pero preciso a lo que vimos en cancha. Aprovechó una pelota detenida, una distracción azul y un gol que fue como el partido, reboteado, extraño, pero efectivo. Vale igual que una pelota clavada en el ángulo. Dicen que ese es el fútbol actual.

Los clásicos regalan postales, a veces blancas, a veces azules. El llanto de Insaurralde entra en esa bitácora. Un defensor que quizás no tiene la excelencia de Barroso, la velocidad y certeza de Zaldivia, pero que se ganó una camiseta con su fiereza. Anotar un gol en el clásico corona un meritorio esfuerzo, el de quien conoce sus limitaciones y potencia sus virtudes en pos de lo colectivo.

La U sigue exhibiendo poco. Kudelka tiene atenuantes. Casi llegando perdió a Mauricio Pinilla y a Angelo Araos. La partida del volante antofagastino sigue sin solución para los azules. El argentino tomó un equipo ya armado y que, además, se despotenció. Son explicaciones reales, tan ciertas como que el equipo no muestra lo que el entrenador pregona en su discurso y que mostró en Talleres de Córdoba. Quizás cuando Kudelka pueda armar un plantel lo podamos ver. Pero aún no.

El final, como el partido. Roce, fricción, confudir lo que realmente importa. Sacar ventajas pequeñas en cada jugada. Tratar de demostrar coraje en bravatas, más que en juego y goles.

Colo Colo ganó bien uno de los clásicos más discretos desde hace mucho rato.

PD: Fuera de la cancha se extravió el relato, el discurso y la pelota, en algún momento. Es una falta de respeto que un grupo pequeño tenga extraviado el fútbol. Se entrena a la hora que ellos quieren. En el lugar que ellos quieren. Kudelka no quería practicar en el Estadio Nacional. No le encontraba sentido. Lo consideraba un error logístico. Se juega al mediodía porque la autoridad civil decidió renunciar a esa batalla. Un horario incómodo para los protagonistas del juego que son, a no olvidar, los futbolistas. Todo esto avalado y protegido por los mandamases de los clubes, las policiales y las políticas. El criterio sigue siendo un valor en extinción.

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