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Historias del 2018

Usted y yo leeremos balances de lo mejor y peor del año que se va. Es probable que coincidamos en casi los mismos eventos y personajes, nacionales e internacionales. Habrá un debate manifiesto sobre el mejor gol del año y quién fue el jugador de moda. Otro tanto se escribirá sobre los desafíos del 2019, con Copa América, Juegos Panamericanos y un sinfín de puertas que se abren.

Pero a mí me gustan las historias, algunas pequeñas, otras más grandes, cuyo relato enternece el alma y abre flancos que nos hacen recordar por qué nos gusta lo que nos gusta.

Tuve la posibilidad de ir a una final de quinta división. Para muchos puede ser un partido de morondanga, uno de esos que ni siquiera quedan registrados en las estadísticas oficiales. Pero ver más de 20 mil personas en un partido de Deportes Concepción contra Pilmahue de Villarrica fue inolvidable. El fútbol es un deporte de competencia y muchos aseguran que lo único relevante es el resultado y lo que ocurre dentro del campo de juego. Este partido, ante una multitud, es una bofetada para los incrédulos. Quienes colmaron el Ester Roa de Concepción no fueron a ver un gran pleito ni un espectáculo de gran calidad. Fueron persiguiendo un sueño que se está incubando: recuperar al cuadro lila del infierno que ha vivido. Los que asistieron lo hicieron motivados por su biografía, por el recuerdo del viejo que los llevó algún día a la cancha, por los amigos que compartían galería, por los viajes en bus recorriendo Chile tras el color de una camiseta. Pilmahue también aportaba lo suyo. Jugadores festejando como si fueran campeones mundiales. Hombres que aparte de jugar son peluqueros, comerciantes, vendedores, oficinistas, profesores. Ellos ganaron en la cancha. Los dos triunfaron fuera de ella.

Oscar Pérez murió a los 89 años. Su familia lo encontró tendido en la cama, con los brazos a los lados y una radio sobre su pecho. Aún estaba encendida. Oscar Pérez, hincha de San Luis de Quillota, vio jugar a Pititore, Patato, el Papelucho, el Pato, al Chupete y a todos los grandes que militaron por el cuadro Canario. Oscar Pérez estaba oyendo por radio a su amado equipo enfrentarse a La Calera, el más clásico de los rivales. Oscar Pérez celebró el gol de Mauro Caballero que le permitía a su equipo seguir creyendo que podía salvar la categoría. Su corazón se destuvo en el festejo del gol, el único gol de ese partido. Al final del torneo la estadística indicó que San Luis se fue al descenso. Pero Oscar Pérez murió con el sabor de la esperanza en su sangre amarilla.

Sebastián Carrera viajó desde Puerto Montt a Coquimbo a ver un partido de fútbol. Son 1.492 kilómetros para un duelo de la competencia. No era una final ni un desenlace. Era un partido más. Llegó al estadio y se encontró con el espacio vacío en la tribuna destinada para los visitantes. Con orgullo tomó la bandera del equipo salmonero y gritó solo, absolutamente solo, los goles con que su equipo ganó por 2-1 en calidad de forastero. Podía haber perdido y la distancia habría parecido absurda para todos, menos para él. Para Sebastián Carrera el camino fue la recompensa. La FIFA lo escogió como uno de los postulantes al hincha del año en el mundo.

Estas historias seguramente no aparecerán en ningún resumen. Menos en la estadística. Pero son las aventuras y desventuras que nos recuerdan por qué el fútbol es y será el juego más hermoso del mundo.

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