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Fracaso azul con todas sus letras

En 180 minutos la Universidad de Chile no le pudo hacer un gol al Melgar de Perú. Existe un mundo de diferencia entre ambas instituciones, en todos los sentidos comparables. En historia, infraestructura, presupuesto y plantel. Es cierto, en la cancha no juega la billetera, sino ganarían siempre los equipos millonarios. Pero cuando las distancias son tan amplias en tantos aspectos, se debe notar de alguna manera. Y en esta llave de la Copa Libertadores, la U no mostró avances. No fue más que un equipo muy discreto, como su contrincante peruano. Podemos decir, con cierto grado de certeza, que los azules involucionaron en relación al final del torneo pasado.

Hay maneras y maneras de ganar o perder. Maneras y maneras de quedar eliminado. La Universidad de Chile mostró la peor cara de todas, esa donde no existe un fondo de juego para analizar. Uno puede decir, voz en cuello, que la U jugó mal. Pero antes de eso deberíamos preguntarnos a qué juega la U o que pretende exponer dentro del terreno de juego.

Frank Darío Kudelka llegó el torneo pasado, de emergencia, con un plantel ya armado. Siempre dijo, con razón, que hizo jugar al equipo como podía, no cómo quería. Ahora la valla es diferente. Le trajeron diez refuerzos, todos visados por él. Lo grave no sólo es quedar eliminado. Esto es fútbol y eso puede pasar. Lo realmente grave es que el cuadro azul no mostró nada. Ni fútbol. Ni individualidades. Ni fuerza de voluntad. Nada.

Es cierto que es incómodo jugar la Copa cuando los equipos no tienen rodaje. Pero esa no es excusa. Es la misma fecha para todos. Hay cosas evidentes que el técnico parece no apreciar. El problema en el mediocampo de la U no está en los volantes de contención, en los interiores o en los mixtos. Tiene delanteros por fuera y centro atacantes. La carencia está en la generación de juego. El último pase. El nexo. El que conecta el equipo. Uno mira en la plantilla y no aprecia un jugador con esas características. Ergo, un plantel mal conformado. Descompensado.

Agreguemos un dato más inquietante que traspasa a la Universidad de CHile y afecta a los equipos nacionales que compiten internacionalmente, con honrosas excepciones. Nos ganan todos. De cualquier lado de sudamérica nos ganan. De local. De visita. Los que antes superábamos por camiseta, hoy no sienten ningún temor de venir a jugar a Chile.

Pero nuestra competencia está sana. No se preocupen. Sigan no más. Con hartos extranjeros de medio pelo, con representantes que se compran clubes, con triangulaciones truchas, con escaso trabajo de inferiores. Sigamos. Aún se puede caer más abajo.

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