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Las postergadas respuestas de Rueda

Para Reinaldo Rueda siempre hay algún motivo para postergar las definiciones sobre el rendimiento de Chile. Cuando la Roja juega mal, está en período de construcción de un equipo. Cuando el equipo es superado resulta que el proceso de recambio será lento y hay que asumirlo. Cuando el marcador favorece al rival, hay que mirar hacia adelante porque lo importante es la Copa América y, sobre todo, la clasificación al Mundial de Qatar. Al final Chile sigue jugando mal, suma derrotas, el desempeño individual y colectivo no mejora y las perspectivas se ven poco alentadoras.

Ante México la selección recibió un marcador contundente que pudo ser mayor. Después de un primer tiempo correcto, donde el equipo no fue dominado ni le patearon al arco, el segundo lapso fue un desplome en doce minutos, período donde recibió tres tantos. Tras un primer gol azaroso, la solidez defensiva exhibida en el arranque se diluyó rápidamente. Luego vinieron los cambios, una modificación en el esquema y el partido, como expresión de análisis, terminó siendo un desorden táctico que no cosecha demasiadas conclusiones.

Más allá de los goles encajados, la poca elaboración de Chile deja alarmas encendidas. Un activo Nicolás Castillo estuvo casi siempre solitario. Ni Iván Morales ni Felipe Mora fueron factor de compañía. El exclusivo desborde de Mauricio Isla terminó en la asistencia para el gol. Con Arturo Vidal algo agotado, con Hernández y Aránguiz mucho más pendientes de la batalla, el equipo registra poca elaboración y escasas variantes en el libreto. Lo inquietante es la forma de juego, el escaso vuelo futbolístico. Chile no es un equipo recordable, no presenta una identidad de juego, un modo que vaya más allá de los resultados, que en el caso de los amistosos entran en un cajón de menos gravedad. Es cosa de detenerse en los partidos que Chile ha triunfado en la era Rueda. A Suecia se le ganó con un gol de Bolados sobre la hora. A Serbia con un tanto de Maripán, también cerca del final, a México en Querétaro con gol de Nicolás Castillo en los segundos finales y la goleada contra Honduras, un equipo de tono menor.

Entre la Copa América y el arranque de las clasificatorias, hay casi diez meses. Lo que antes podía ser un apretón importante para seguir buscando una idea, ahora se convierte en un certamen urgente para el técnico colombiano. Si Chile no juega bien ni alcanza mejores resultados en el torneo continental, la mano podría cambiar para Reinaldo Rueda al frente de la Roja. Porque el lapso antes de luchar por clasificar al Mundial es un período prudente si la dirigencia decidiera realizar un cambio en la cabina técnica.

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