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El Shampoo

La crisis capilar de la Universidad de Chile llevó a que los administradores del club recomendaran a los futbolistas del primer equipo llevar su propio shampoo para acicalarse después de cada entrenamiento, en la reponedora ducha que sobreviene a la práctica. Uno se puede quedar con este aspecto y empezar a aplaudir los memes, las bromas, detenerse en la anécdota y no analizar lo relevante. Uno puede quedarse en el oportunismo de una firma de limpieza de cabello que aprovechó la coyuntura y envió un camión con productos al Centro Deportivo Azul. La foto el vehículo cargado apareció en todos lados y se convirtió en viral. Objetivo cumplido para la marca. O podemos ir a lo medular ¿Cómo llegó Azul Azul a una situación económica que debe abrocharse el cinturón hasta extremos tan pedestres como el shampoo?

Casi un millón de pesos se gastaban mensualmente en los productos para el pelo en el primer equipo de la U. Mucho o poco, ese no es el punto, al menos acá. El foco es que la U debe ahorrar por todos lados para no continuar con recortes financieros que ya han afectado a varios estamentos. No son pocos los trabajadores, de diferentes ámbitos, absorbidos por la cesantía en Azul Azul.

La concesionaria que dirige los destinos azules tiene mentalidad de empresa. Se supone. Con este pensamiento de mercado, podríamos decir que los últimos años la institución viene en una situación deficitaria. La U ha gastado mucho dinero en jugadores y casi ninguno le otorgó dividendos económicos. Estas recompensas pueden llegar desde dos vías. Transferencias importantes al extranjero o buena participación en torneos internacionales. Azul azul ha fallado en ambos aspectos.

El fútbol es un negocio difícil de predecir porque es variable. A veces la pelota pega en el palo, se va afuera y todo el panorama cambia. Pero cuando el proyecto económico, deportivo o institucional está claro, da lo mismo si el balón entra o no a la portería contraria. Se mantiene. Se fortalece. Es llamativo como exitosos hombres de negocios en Chile no dan pie con bola cuando se trata de administrar un club. Porque el fútbol es diferente. Variable. Inesperado. Ilógico. Cambiante. Y si bien transa valores económicos en la bolsa, administra pasiones. Y esas no tienen precio. Una cosa es no acertar con algún refuerzo. Pasa. Hay camisetas que pesan más que otras Pero cuando esto se repite en ocho o nueve casos, por varias temporadas, el asunto es más severo. Cuando no se entiende que el capital está en el trabajo de inferiores, que el desarrollo de la identidad es un activo a futuro, estamos viendo otra película. Dicen que deben rodearse de hombres de fútbol para enmendar el rumbo, pero estos se han equivocado tanto como los de cuello y corbata a la hora de contratar refuerzos. Pasa en la U y en muchos otros equipos. Demasiados.

Este año la Universidad de Chile se ha equivocado demasiado. Por su historia y por sus hinchas ojalá no tenga un final dramático. Porque el shampoo se puede reponer. El tiempo extraviado, en cambio, no se puede rebobinar.