El milagro del Conce

No tengo el dato preciso, pero es muy difícil que en otra parte del mundo se juegue un partido de Cuarta División con 27.800 espectadores en las gradas. Pasó en Chile, fue en Concepción, en un partido donde el cuadro lila superó a Limache por 3-2 y consiguió volver al fútbol profesional.

El fútbol nunca es sólo fútbol. No son 22 hombres o mujeres detrás de una pelota rodando. El fútbol es hermoso porque sigue siendo el último bastión de libertad que nos va quedando en una sociedad llena de números y balances fríos. Cuando la pelota vuela en una cancha, somos otras vez niños. Porque el fútbol es nuestra biografía. Es el padre, el abuelo, el hermano, los amigos que nos acompañaron a la cancha cuando comenzábamos a construir nuestra memoria.

El caso de Concepción tiene ribetes épicos. Porque hace poco más de tres años se lo llevaron a la casa, unos nefastos personajes que quedaron impunes ante la justicia, pero sentenciados en la memoria del hincha que no olvida jamás quienes mancharon los colores de tu camiseta. Ahí, sepultados, en medio del agravio, en el descenso a la categorías más bajas, esas que pocos conocen y de la que muchos se burlan. Ahí el club comenzó a rearmarse y aún no termina. Porque como las grandes historias, cada capítulo es una verdadera batalla. Cada fase es más compleja que la anterior. Y el León de Collao, dirigido por un ex futbolista criado en la cantera como Esteban González, pasó de Quinta a Cuarta División y ahora a la Segunda Profesional, con el sueño renovado de volver, por qué no, a las series de mayor renombre.

La estadística marcará que Concepción le ganó a Limache por 3-2, dando vuelta el resultados dos veces, porque el equipo visitante se puso en ventaja y llegó a estar arriba 2-1 en pleno segundo tiempo. Pero los lilas jugaron con la energía que requieren este tipo de partidos. Porque las finales, en cualquier categoría, son partidos difíciles, nerviosos, tensos, impredecibles.

Este domingo no jugaron ni Osvaldo Pata Bendita Castro, ni Cristián Montecinos, ni el Pato Almendra, ni el Chiqui Chavarría, ni Nicolás Villamil, ni Juan Carlos Almada, ni Haroldo Peña,a quien llamaban el León de Collao y que traspasó su apodo a una camiseta. No jugaron, pero estuvieron ahí. Porque el fútbol es historia, pese a que algunos no logren comprenderlo. Solo amar de manera genuina tu camiseta te hace respetar todas las demás. .

Se llevaron al Conce para la casa. Pudieron llevarse lo económico, lo material. Pudieron quebrar al club desde lo financiero. Pero no pudieron llevarse la historia, la épica, el relato que se transfiere generación tras generación. Pasaron 1328 días desde la desafiliación del equipo. Y clasificó a la Segunda Profesional. Para muchos es poco, es mínimo, es casi anecdótico. Pero el hincha lila dormirá este domingo 15 de diciembre del 2019 más feliz que un campeón del mundo.