Caputto cumple la palabra

El primer día del tercer mes del año 2020, Universidad de Chile consiguió igualar la misma cantidad de victorias en el torneo nacional que en todo el 2019. Cuatro triunfos en seis partidos tienen a la U en un sitio de expectación en la tabla general. Por culpa del nefasto registro del torneo anterior seguirá mirando de reojo la tabla de promedios, aunque cada vez con más distancia. Después de graduarse el año anterior en un doctorado sobre todos los errores posibles, las señales para los azules son auspiciosas.

Con excepción de la goleada ante Curicó Unido en la segunda fecha, las victorias de Universidad de Chile han sido partidos laboriosos. Incluso el 3-0 sobre La Calera, demasiado expresivo en el marcador, fue un triunfo que se consumó en los minutos finales de la brega. Los tres puntos conseguidos ante O’Higgins mantienen esta misma tendencia. La U gana bien, con justicia, pero debe trabajar los partidos. Una dosis de sufrimiento que es casi parte del ADN histórico de los azules: sin sufrimiento no vale.

Los equipos grandes tienen responsabilidades. Pelear el título es una de ellas. Eso de ser campeones siempre es un lindo slogan pero no es real. Nadie sale campeón siempre. No es cierto que solo triunfa el ganador y todos los demás fracasan. No es real eso de que si terminas como escolta eres un perdedor. Suena hermoso, pero no es verdad ni en el fútbol ni en la vida.

Pero un equipo grande sí debe pelear arriba y esta Universidad de Chile ya se instaló en esa zona en el amanecer del torneo, aunque el balance se hace cuando concluye y no cuando parten las competencias. Pero los equipos grandes tienen más responsabilidades que esas.Representan una historia, un escudo con trayectoria, tienen valores que defender y uno de ellos es generar futbolistas para su club y para el fútbol chileno. Contratar futbolistas que sean aporte.

Subir la vara es responsabilidad de todos, pero sobre todo de las instituciones más poderosas. Ante los Celestes la U terminó jugando, de mitad de cancha en adelante, con Camilo Moya, Fernando Cornejo, Sebastián Galani, Pablo Aránguiz, Luis Rojas y Nicolás Guerra. Todos jóvenes y varios de ellos surgidos en la cantera. Cuando asumió Hernán Caputto, que no tenía experiencia en clubes pero sí exitosas campañas en selecciones jóvenes, uno esperaba que uno de sus sellos fuera, precisamente, impulsar carreras de jugadores prometedores. Lo está realizando y, hasta ahora, con buenos balances a nivel local. Para el salto internacional aún falta y bastante, pero bajarle el promedio al equipo era una tarea que los anteriores técnicos de la U siempre postergaron.

Falta mucho aún. Universidad de Chile sigue mirando la tabla de los promedios más que la general. Quedó fuera de torneos internacionales y se enfoca en el certamen local. No tiene un plantel numerosos y en algunas zonas, como atacantes que vayan por fuera, tiene un desbalance evidente. Pero está entregando buenas señales. Insinúa una recuperación no sólo en los resultados, sino en las tareas propias de una institución grande, brújula que se había extraviado hace demasiado rato en la U.