De fútbol y pandemias

Cuesta suspender el fútbol, no solo en Chile, sino en todo el planeta. Los que amamos la pelota nos resistimos a que deje de rodar, jugar hasta que ya no se pueda más. Muchas veces cerrar los ojos ante lo evidente y ser, por qué no decirlo, un poco irresponsables con tal de que se juegue. Acabamos de vivir en nuestro país un hecho inédito en el campeonato 2019. Fue el primero, desde 1933, que no terminó de jugarse. Ni siquiera en los peores años de nuestra República, con Golpe de Estado y dictadura incluida, el certamen se cerró antes de tiempo. El estallido social y sus consecuencias obligaron a determinar el pitazo final mucho antes, con polémicas decisiones aparejadas, como decretar el no descenso de ningún equipo a la Primera B y la incorporación de Santiago Wanderers a la división de honor.

En el mundo la situación no es muy diferente. En España, por ejemplo, solo la Guerra Civil de la década del ’30 detuvo el campeonato. Las guerras mundiales no permitieron Juegos Olímpicos o mundiales de fútbol. Pero en general, se juega, se compite, a como dé lugar.

Dicho esto, a veces es mejor parar.

Aún somos ignorantes en muchas materias de la pandemia del Coronavirus. En esta parte del mundo hemos tenido la fortuna de que su expansión se ha retrasado, aunque es inevitable. Nos ha permitido analizar ejemplos internacionales, buenos y malos, que sirven para establecer parámetros. Podemos anticipar y no reaccionar. El deporte, no solo como actividad masiva, sino como foco cultural, tendrá que adaptarse a esta realidad. Porque hay cosas mucho más importantes que un partido de fútbol o una competencia deportiva, por relevante que esta sea.

A comienzos del siglo XX, terminando la Primera Guerra Mundial, Europa cayó rendida ante la gripe española. Se perdieron más de 50 millones de vidas en el Viejo Mundo, sumadas a las víctimas del conflicto bélico. La mayoría de las ligas no eran profesionales, aunque en España ya se jugaba la Copa del Rey, que se disputó igual, con triunfo del Real Unión Club.

A finales de los ’60, el virus del Ébola obligó a que algunas competencias africanas, como las ligas del Congo y Sierra Leona, se jugarán sin público durante un par de temporadas.

La gripe Aviar, a comienzos de los 2000, despertó tal nivel de inquietud que en algún momento se pensó en retrasar el Mundial de Alemania 2006. No fue necesario, pero se jugó, sobre todo en Asia, con enormes medidas sanitarias entre los espectadores que asistían a los estadios.

La Gripe H1N1 obligó a suspender la participación de los equipos mexicanos en la Copa Libertadores el 2009. Chivas y San Luis habían clasificados a octavos de final. No pudieron jugar sus compromisos. Al año siguiente entraron al torneo en esas llaves. De hecho Chivas fue finalista, perdiendo ante Inter de Porto Alegre.

Es cosa de tiempo para que se detengan las competencias casi en su integridad. Habrá que ver cuando regresan y si el calendario da abasto para cumplir con lo programado este 2020. Sino, calma y tiza. Hay cosas más importantes que una vuelta olímpica, un récord de velocidad o clasificar a un mundial.