El gol imposible del 'Mortero'

- Le va a pegar al arco.

Apenas Jorge Aravena tomó el balón y lo dispuso junto a la línea de sentencia, mi tío Tito predijo que el Mortero intentaría un lanzamiento directo a portería.

- Imposible-, dijo mi papá. La pelota estaba pegada al límite norte de la cancha del Nacional. Un metro dentro, con suerte. Pegarle desde ahí al arco era una apuesta demasiado riesgosa. Desperdiciar una ocasión de gol.

Con mis lentes enormes mantenía la vista fija en la pantalla. El fútbol ya era un torrente irreversible que corría por mis venas. Evitaba pestañear. No quería perderme detalle.

El zurdo tenía prestigio a la hora de darle vida a una pelota muerta. Una pegada formidable. En su bitácora se registraban remates de larga distancia, con potencia, así como lanzamientos sutiles, con efecto enroscado, una ruta impredecible para los arqueros.

Jorge Aravena le pegó al arco. El área estaba poblada de jugadores con camisetas rojas y celestes que seguramente esperaban el centro del 10 de Chile. O que le pegara fuerte y tratar de desviar el balón, según su respectiva conveniencia. Es probable que el arquero uruguayo, Rodolfo Rodríguez, no imaginara que Aravena intentaría lo imposible.

La pelota sube, se aleja de cualquier futbolista, se hace inalcanzable para los brazos del golero y de pronto baja, entrando en el segundo palo, muy cerca del ángulo que producen horizontal y vertical.

El estadio explota. Mi casa explota. Mi tío Tito explota.

-Te lo dije, te lo dije- gritaba furibundo, orgulloso de su predicción.

Es probable que Jorge Aravena no imaginara que 35 años después de ese golazo estuviéramos escribiendo esta columna, homenajeando uno de esos recuerdos que quedan alojados en la biografía y jamás desaparecen de ahí. Durante años, décadas, ese gol encabezó el podio de goles que más grité de la Selección, siendo superado recién en 1998, cuando Marcelo Salas le convirtió de cabeza a Italia en el Mundial de Francia.

Aravena era de esos futbolistas que anotaban goles de tiro libre directo. Por montones. Una clase de jugadores que es cada vez más escasa y que en un pasado tenía magníficos representantes: Jorge Aravena, Chamaco Valdés, Víctor Merello, Coke Conteras, Franklin Lobos, José Luis Sierra, Jaime Riveros, Matías Fernández, Ramón Fernández. Cada vez se hacen menos goles de tiro libre directo, una especialidad tan compleja y estéticamente tan hermosa.

Fue la propia FIFA, a través de un conspicuo estudio científico, quienes calificaron este gol de Jorge Aravena como “el gol imposible”. Fue un 24 de marzo de 1985, en un estadio Nacional repleto, en un partido lleno de incidentes, en un país diferente, un país que buscaba jugar un Mundial y encontrar su destino.