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Los 37 de Bravo

En una de las ventanas de distensión que concedían los entrenamientos, el entonces técnico de Colo Colo, Jaime Pizarro, se acercó a los periodistas que cubríamos las alternativas del Cacique para diferentes medios de comunicación. Con grabadoras y cámaras apagadas, las conversaciones de ese tipo suelen fluir con mayor naturalidad. En medio de la charla, el entrenador nos entregó un dato: “hay un arquero en inferiores que cuando tome el arco, no lo soltará más. No solo el arco de Colo Colo, sino que el de la selección. Se llama Claudio Bravo”.

No pasó mucho tiempo para que él mismo lo hiciera debutar en el cuadro albo, de emergencia, ante la lesión del titular Eduardo Lobos. El tiempo le dio la razón Pizarro, porque Bravo no volvió a ser suplente. Debió transitar el proceso habitual de los porteros. Se comió un par de goles. Hugo Orlando Gatti, el legendario golero argentino, decía que un arquero se convierte en un portero confiable después de recibir al menos cien goles. Bravo pagó ese noviciado. Juvenal Olmos lo hizo debutar en la selección a los 22 años y Nelson Acosta lo consolidó en el puesto de la Roja.

Como auguró Jaime Pizarro, Claudio Bravo no soltó el arco nunca más.

De ahí en adelante su carrera es conocida por todos, con estaciones importantes en Colo Colo, la Real Sociedad, Barcelona y Manchester City. Capítulo destacado es su paso por la selección, con campañas sobresalientes y participación clave en las dos finales de Copa América ganadas por Chile. Quizás si Bravo no fuera un gran atajador de penales, no estaríamos hablando de los bicampeones. Por suerte no lo sabemos.

Cuando se habla de los mejores arqueros chilenos de todos los tiempos, se mencionan tres nombres de consenso: Sergio Livingstone, Roberto Rojas y Claudio Bravo. La discusión futbolera es en qué lugar del podio ubicamos a cada uno. Soy de los que creen que Claudio Bravo es el arquero más importante de la historia nacional. Es probable que en la comparación con Livingstone y Rojas, consideremos que estos tenían condiciones naturales superiores al oriundo de Viluco. Mejores reflejos, mayor espectacularidad, actuaciones inolvidables. Eso mismo me hace inclinar la balanza en favor de Bravo. El portero del Manchester City es producto del trabajo sostenido, del entrenamiento permanente. Un golero que sumó a sus aptitudes un rigor que le permitió crecer hasta llegar a latitudes donde ningún otro pudo alcanzar. Son tiempos distintos, es verdad. Quizás hoy Livingstone y Rojas habrían jugado en Europa por largo tiempo, pero eso es solo una presunción, hasta una expresión de deseo.

Claudio Bravo tuvo la ventaja de jugar en una notable generación de futbolistas. Y esta generación de futbolistas tuvo la ventaja de que la solidez partía desde el arco. Todo gran equipo necesita un buen arquero. La generación dorada lo tenía.

El arquero con más partidos en la selección registra notables números, sobre todo en su paso por Barcelona. Récord de imbatibilidad en el inicio de un certamen, dejó su arco en cero en 23 de los 38 partidos de la liga el 2015. En el City ha sido suplente la mayor parte del tiempo, aunque su entrenador Josep Guardiola lo tiene considerado. Le ofreció ser parte de su cuerpo técnico cuando termine su carrera. Pero Bravo quiere ser técnico.

Bravo no es monedita de oro. Tiene un carácter especial, a ratos complicado, sus conflictos con sus compañeros son por todos conocidos, cuyo final aún es incierto. Pero debajo del arco, sigue siendo el uno de Chile.

Las evaluaciones se hacen al final. Pero quizás cuánto tiempo pasará para que un arquero chileno defienda la portería de equipos como el Barcelona o el Manchester City.

Claudio Andrés Bravo Muñoz cumple este lunes 37 años.