El aislamiento: un daño al cerebro

Con el paso de los años, se ha podido establecer de manera científica la importancia que tiene para nuestro cerebro las relaciones sociales.

Tanto es así, que ha podido concluirse que aquellas personas que viven en aislamiento social crónico, tienen, en general, menos años de vida. La soledad crónica tiene un efecto de mortalidad muy importante en las sociedades.

¿Y por qué pasa esto? Porque el cerebro es un órgano eminentemente social. Necesita del cara a cara, del contacto con otros cerebros (personas), y por lo tanto rechaza el aislamiento, la soledad.

Y es por eso que hoy, producto de la pandemia, donde se nos pide aislamiento y la reducción de los contactos sociales, le hace muy mal a nuestro cerebro, sobre todo en personas que por su características personales o por los roles profesionales que le toca desempeñar, estaban acostumbradas a permanentes intercambios con “un otro”.

Cuando nos sentimos solos o aislados, el cerebro entra en una especie de autopreservación, por tanto deja de “ejercer” ciertas funciones y se acomoda en su zona de confort para defenderse, y es ahí, cuando empezamos a tener dificultades como seres humanos, impactando en la salud física.

La ciencia ha podido demostrar que cuando un cerebro entra en contacto con otro, se liberan una serie de mensajeros químicos, neurotransmisores, que generan cambios en el cuerpo y que afectan el estado anímico de las personas. Por ejemplo se libera endorfina y dopamina, sustancias asociadas al placer y a la felicidad.

Otro neurotransmisor que se genera es la oxitocina, cuyo efecto también es parecido a la endorfina, potenciando además la autoconfianza en las personas. Algunos estudios sugieren incluso que estos mensajeros químicos no se secretarían cuando el contacto es vía la tecnología.

¿Qué debiéramos hacer para reducir el impacto del aislamiento?

1. Desarrollar vínculos humanos profundos, aprovecha este tiempo de conectarte con personas importante en tu vida.

2. Interactúa con amigos y amigas más allá de las redes sociales.

3. Disfruta del contacto cara a cara, del contacto diario.

4. Practica diariamente la empatía con otras personas.

5. Si puedes, desarrolla habilidades de liderazgo y trabajo en equipo.

Tu mente es muy poderosa, puede cambiar física y funcionalmente a tu cerebro. ¡Una actitud positiva genera cambios positivos en tu vida!