Cuando dos más dos no son cuatro

La mediática disputa por el descuento salarial entre Blanco y Negro y el plantel de Colo Colo definitivamente no logra llegar a un punto de entendimiento. Tras sucesivas reuniones y contrapropuestas directivas los jugadores siguen sin ceder en un aspecto clave: la restitución total de los dineros. El tema de fondo no es el plazo de reembolso ni la forma de generar ingresos extras sino que la devolución de las platas. Los nuevos porcentajes ofrecidos por la concesionaria son considerados insuficientes por los jugadores.

Mientras en las últimas horas el pago de la cuota de abril del CDF y el compromiso de Turner de que los flujos futuros están garantizados trajo tranquilidad a los clubes, en Macul el alivio fue solo parcial ya que según la versión directiva los ingresos de la televisión cubren apenas la cuarta parte del costo operacional de la institución. Con esa plata llegamos al día siete, dijeron en su momento. Ahí justamente radica uno de los aspectos centrales. La pandemia dejó al desnudo que el club más popular de Chile, y como muchos otros en el mundo, estaba al límite en la ecuación o gastando más de lo que produce.

El caso de los albos tiene múltiples aristas y un contexto desfavorable para efectos de la negociación ya que los otros dos clubes denominados grandes alcanzaron rápidos acuerdos con sus futbolistas. Universidad Católica no tocó el sueldo del plantel e hizo una mínima maniobra financiera enviándolo de vacaciones y la U cerró un convenio en el que se acordó un lapso de dos años para restituir la totalidad del monto rebajado. Con estos antecedentes era virtualmente imposible que los jugadores del Cacique aceptaran una medida distinta. Lo vivido en las últimas semanas y el escenario actual así lo demuestran.

¿Por qué Católica pudo mantener inalterable el sueldo de sus futbolistas? Básicamente porque sus costos operacionales son más bajos y ha hecho una administración financiera eficiente. Cuando a propósito de la crisis institucional de la ANFP se le preguntó hace un tiempo al propietario de OHiggins, Ricardo Abumohor cuál era la solución, dijo que había que pasarle el timón a la gente de Católica. Una respuesta, simple, provocadora, pero en rigor bastante lógica. El balance de Cruzados es público y revela un acertado manejo económico. En la industria del fútbol, además, es vital que la pelota entre al arco y la UC ha dominado la escena en los últimos años con el consiguiente círculo virtuoso que acarrea. De Colo Colo no se puede decir lo mismo y el mejor ejemplo es que acaba de indemnizar a Mario Salas en cientos de millones de pesos.

El acuerdo de la U, a su turno, apuesta por una nueva normalidad y que en el mediano plazo la actividad retome su senda. Los jugadores, más allá del descuento temporal, aseguraron la devolución de sus dineros, pero la pregunta que surge es si Azul Azul será capaz de generar recursos adicionales a futuro, ese delta para servir la deuda. En Colo Colo se sostiene que los ingresos que se han dejado de percibir por contratos comerciales y recaudaciones fallidas están perdidos, que no se van a recuperar e independiente de los proyectos futuros como eventuales partidos amistosos nada garantiza que la compensación sea equivalente. En verdad, y así como va la crisis sanitaria, resulta inimaginable hoy un amistoso con 25 mil personas en Ñuñoa antes de un año y medio. ¿Terminará la merma siendo absorbida por los dueños de la concesionaria?

Como queda de manifiesto, el conflicto albo tiene raíces profundas y se conecta con los ejemplos de sus pares directos. Si los jugadores no logran comprender por qué los dirigentes les niegan la completa restitución de sus dineros es porque sus colegas pactaron en mejores condiciones. El vecino, el rival directo actuó diferente… ahora, ¿a qué costo? Está por verse.

El fútbol no es distinto al resto de las empresas. Algunas tienen más espaldas que otras y costos operacionales distintos. Colo Colo optó por una salida intermedia, quizá realista, similar a muchas empresas de otros rubros, pero distinta a los clubes de mayor convocatoria. Eso, no solo condicionó la negociación desde el día uno sino que explica por qué aún no hay acuerdo. Los jugadores albos se miraron en otros jugadores, no en medio Chile.

La lección que queda, y más asumiendo la segura depreciación del producto, es que antes del estallido y, sobre todo, de la pandemia los costos operacionales del club eran demasiado elevados y deberán ser corregidos a la brevedad. Nada sencillo porque en esta industria muchas veces menor inversión es sinónimo de peores resultados. Quizá es hora de que Colo Colo replique ciertos criterios del tiempo de la quiebra, apueste fuerte por la formación, confíe en la cantera, apele a una mayor identificación y gaste como equipo grande pero con menor margen de error. Tal vez ahí está la llave para tener una institución más sana, en todo sentido.