Podemos vivir sin fútbol, pero no queremos

¿Se dieron cuenta que se puede vivir sin fútbol? Ese fue el anzuelo que lanzaron los cazadores de TrendicTopic la semana pasada en redes sociales. Apenas se supo que el retorno del campeonato chileno tenía fecha agendada, enunciaron una pregunta cuya respuesta es obvia. ¿Se puede vivir sin fútbol? Por supuesto que se puede. Como también se puede vivir sin recitales, sin bares, sin cines, sin teatros, sin discotecas, sin clases presenciales, sin librerías, sin Facebook, sin instragram, sin medios de comunicación. De poder, se puede.

Esta pandemia que no ha terminado demostró que necesitamos muy poco para vivir. Requerimos lo esencial. La salud de nuestros afectos, la salud propia, trabajo para vivir y no mucho más. El problema, que los cazadores de trendictopic nunca ven, es que muchos no tienen ni siquiera ese mínimo. Pero esa es una discusión en la que jamás entrarán. Siempre hemos necesitado poco para vivir, pero el mercado, la industria, los medios, las buenas y malas costumbres, convirtieron en fundamentales actividades que no lo son.

Entonces, ante la absurda pregunta de sí podemos vivir sin fútbol la respuesta es sí, podemos vivir sin fútbol. Pero no queremos.

No queremos por muchas razones, pero la principal, la que une a futbolistas, entrenadores, aficionados, profesionales y periodistas, es porque nos gusta. Nos gusta el fútbol. Nos apasiona, en algunos casos. Nos criamos con una pelota, jugando el juego más simple de todos: darle con el pie a un balón y lanzarlo lejos. Nos enamoramos del juego por el juego. No pretendíamos saber más que el otro, ser más ondero, más influencers, más elitista. No. Sólo queríamos compartir un juego con la mayor cantidad de gente posible, no menos. El fútbol no es, no fue ni será un secreto reservado para unos poquitos. No. Mientras más seamos, mejor.

Nos gusta porque nuestra biografía entra a la cancha. Nos gusta el equipo de la ciudad donde nacimos, del barrio donde crecimos. El equipo del papá, del abuelo, del hermano mayor, de los amigos. Nos gusta el lunes hablar del partido del fin de semana, aunque hayamos perdido o ganado. Nos gusta ver los goles repetidos cien veces. Y en pandemia vimos partidos añejos, antiguos, donde ya conocíamos el resultado, los detalles, hasta los relatos. Pero nos gusta. Así somos. No somos mejores ni peores. Sólo nos gusta y nos gusta mucho.

¿Es fútbol es lo más importante en la vida? Ni de cerca. Absolutamente no. Por eso es tan irritante cuando usan argumentos para retrucar algo en lo que nadie cree. El fútbol no es lo más importante. Lo tenemos claro. Más claro que nadie. No se muere nadie si el domingo nuestro equipo pierde. Pero pocas actividades generan un sentido de identidad y pertenencia tan sólido y perpetuo como la pelota. Lealtades y fidelidades que duran mucho tiempo.

No se puede jugar al fútbol a cualquier costo. La salud privada y pública es lo esencial, hoy y siempre. Los protocolos en el regreso del torneo deben cumplirse a rajatabla. Y si el asunto empeora, se tendrá que suspender u organizar de otro modo. Las prioridades están claras.

¿Podemos vivir sin fútbol? Podemos. Como podemos vivir sin cines, sin cafés, sin bares, sin librerías. Podemos, pero no queremos. No es tan difícil de entender.

PD. Todos tienen derecho a despreciar el fútbol. Por supuesto. Lo llamativo es que varios de los cazadores de trendictopic suelen usar camisetas rojas y pintarse la cara cuando juega la selección. Y cuando hay un Mundial, son los primeros en la fila pidiendo ser acreditados. Debe ser una tortura cubrir el evento más importante de una actividad que desprecian. Pero son tan profesionales que se ofrecen y hasta hacen pataletas cuando no los mandan.