167 días después

Pasaron 167 días para que la pelota circulara en una cancha chilena, en un duelo de verdad, un partido por los puntos. La espera más larga en toda la historia de las competencias nacionales. Nunca, ni ante los desastres naturales o ante la crisis de la República, el fútbol chileno estuvo detenido tanto tiempo como ahora, por culpa de una pandemia mundial que desordenó el naipe y enfocó nuestra prioridades.

La última vez que se jugó en Chile el presidente de la ANFP era Sebastián Moreno, Claudio Bravo era jugador del Manchester City, Lionel Messi jugaba en el Barcelona y peleaba, junto a Arturo Vidal, por ganar la liga española y la Champions League. La última vez que se jugó al fútbol éramos 15 mil más y eso no podemos olvidarlo.

Se volvió a jugar como pudo. El análisis no puede obviar los casi cinco meses sin competencia. Pasó en Europa y era obvio que ocurriría acá. Se nota la falta de regularidad, la ausencia de ritmo, la carencia de coordinaciones defensivas. Lógico. Vimos partidos con muchos goles y bastantes ocasiones frente al arco, varias de ellas provocadas por errores defensivos. Es parte del proceso que se irá ajustando con el tiempo. Los cinco cambios es un factor esencial. Se abre la chance de cambiar casi la mitad del equipo. Los planteles más numerosos y rejuvenecidos quizás saquen ventaja a la larga, aunque los goles más hermosos de la fecha los anotaron dos veteranos, Esteban Paredes de Colo Colo y Luis Jiménez de Palestino.

Ningún local ganó, Universidad Católica perdió el invicto, Palestino le empató a la U sobre la hora y Unión La Calera comparte la cima con los cruzados. No da para sacar conclusiones tajantes. Porque falta mucho torneo y porque el regreso será progresivo. Así fue en todo el mundo.

¿Influye la ausencia de público? ¿La localía ya no será un factor? ¿Sacaron ventaja los equipos que comenzaron antes a entrenar? Respuestas que podremos contestar con certeza cuando avancen las fechas y se integren todos a la competencia. La próxima semana hay superclásico y los tonos son, más que nunca, impredecibles.

Quizás como respuesta a la abstinencia, los amantes del fútbol vimos todo. Como cuando mirar un partido era el mejor panorama posible. Con la tv encendida, con la radio sintonizaba, con las nuevas plataformas activadas.

La pelota no se mancha. Ni la peor pandemia en cien años la desinfla.