Manual para hacer las cosas mal

¿Juega bien Colo Colo? No.

¿Suma puntos? Pocos. De hecho la buena noticia del partido contra La Calera fue precisamente que sumó. Nada más.

¿Cambió el rendimiento de Colo Colo tras el receso de la pandemia? No. Empeoró.

¿Los jugadores de las divisiones inferiores pujan por un lugar en el equipo estelar? No.

¿Los refuerzos han sido un aporte sustantivo? No.

¿Tiene un camarín estable, donde se aprecia que todos reman hacia el mismo lado? No.

¿La dirigencia muestra señales claras de un proyecto institucional y deportivo? No.

¿Juega con la impronta de un equipo grande, con tradición, con historia? No.

¿Ha respetado los procesos técnicos, ya sea en el primer equipo como en las divisiones menores? No.

El actual momento de Colo Colo no responde únicamente a una mala campaña o a un factor deportivo. Es multicausal y su origen es remoto. Los albos llevan dos años (o más) jugando mal y no sumando resultados. Como excepciones aparecen los cuartos de final de la Copa Libertadores en el período de Héctor Tapia como entrenador. Sin mostrar un nivel de juego demasiado alto, la clasificación entre los ocho primeros de América fue una brisa de aire fresco que permitió tranquilizar las turbulencias que ya arreciaban. No ha perdido los clásicos contra la U, un elemento que siempre es parte de las evaluaciones finales. Y no mucho más que eso.

Cuando se suman situaciones lo excepcional se convierte en conducta. No puede ser casualidad que José Luis Sierra, Héctor Tapia, Mario Salas y Gualberto Jara (interino) no hayan podido con un plantel que no acepta críticas de ningún tipo y que cuando gana un partido, de tanto en tanto, habla de tapar bocas en vez de mantener un rendimiento regular.

Blanco y Negro decidió acogerse a la Ley de Protección al Empleo, eso significó que se ahorrara un montón de dinero pero también repercutió en que el equipo regresara a los entrenamientos después que la mayoría de los clubes. Y se nota. En este contexto es llamativo que el jugador más consistente siga siendo Esteban Paredes, un futbolista que ya tiene 40 años. Quizás sea un caso único en el mundo. El mejor jugador del equipo tiene la edad en la que muchos ya no están jugando.

A los equipos grandes les cuesta estar en la parte baja de la tabla. Sucede en todos lados. No es lo mismo pelear el título que deambular en los sitios secundarios. Muchos dicen que es incluso más difícil y se vive con más presión cuando estás lejos del círculo virtuoso de los primeros puestos. Colo Colo actualmente lo padece, como la U lo vivió el inconcluso torneo del 2019.

Esto es fútbol y puede que los albos ganen más temprano que tarde. Es probable que despeguen y se alejen de los lugares incómodos de la tabla. Juega Copa Libertadores y la motivación es diferente, en un certamen lleno de incógnitas respecto a los rendimientos de todos los clubes en el continente. Pero lo de Colo Colo no se soluciona con resultados puntuales. Requiere decisión, un proyecto claro, donde la prioridad de la política deportiva esté en los que vienen y no en quedar bien con los que están por retirarse.