Representantes F.C.

Los representantes de futbolistas surgieron para cumplir un rol muy importante: que los jugadores, los verdaderos protagonistas de la actividad, firmaran buenos contratos, les pagaran lo justo, sueldos, cotizaciones, premios en caso de cumplir objetivos. En definitiva, que se les respetaran los derechos que tiene cualquier trabajador. Los agentes surgieron para apoyar la carrera de los futbolistas, abrir mercados, llegar a instancias superiores, jugar en mejores latitudes, desde lo deportivo y lo económico. Muchas de las grandes figuras del balompié chileno en décadas pasadas habrían consolidado un mejor pasar económico si un buen representante hubiera colaborado en sus carreras.

Hasta ahí, todo bien.

Después pasaron a representar no sólo futbolistas, sino también entrenadores. Funcionó la misma lógica. Mejores contratos y carrera ascendente para quienes se sientan en el banquillo y dirigen equipos. El problema comenzó a rondar cuando algunos técnicos incluyeron en sus planteles a futbolistas que eran representados por su mismo agente. Descartaban otras opciones, algunas evidentemente mejores, con tal de mantener la alianza con su representante. Ocurrió, sigue ocurriendo y, sin dudas, continuará. Se traspasó un límite, una brecha. Pasó incluso en nóminas de la selección cuando todos quedábamos sorprendidos con presencias de jugadores que no tenían gran rendimiento o jugaban en ligas escasamente competitivas.

El tema de los representantes ya comenzaba a hacer ruido.

Pero hoy convivimos con una situación que extrema los ejemplos mencionados, porque ahora los representantes no sólo representan jugadores, entrenadores, sino que son dueños de clubes. O a veces no son parte de la propiedad, pero sí controlan el fútbol de algunas instituciones. Clubes que forman verdadera alianzas con algún agente y contratan en su gran mayoría a futbolistas que son parte del corral del representante asociado. En algunos casos se acerca al 100% de los jugadores de la plantilla. También existen casos contrarios: agentes que están vetados en algún club, aunque trabajaran con Cristiano Ronaldo o Messi, simplemente con ellos no se hace ningún negocio.

¿Es ilícito? No. ¿Es ilegal? No. ¿Vulnera alguna norma del campeonato? No. Pero evidentemente es un choque de intereses, muy similar a lo que en economía se llama integración vertical. El actual mercado de pases refleja todo esto. Para ver dónde puede jugar un futbolista, más que el interés de clubes determinados, hay que detectar quién es su representante, con qué instituciones tiene lazos importantes y podremos aventurar, casi con certeza de relojero, su próximo equipo.

No todo es malo en este modelo. A veces se arman muy buenos planteles. La Calera alcanzó la mejor ubicación de su historia con el control de Christian Bragarnik. Muy buenos futbolistas ficharon en el club del cemento, algunos que en otras condiciones jamás habrían militado en el cuadro rojo. Fernando Felicevich pobló La Serena de los jugadores adecuados para evitar un descenso que parecía inminente. Felicevich es cercano a la Universidad Católica y los resultados deportivos del club de la franja están a la vista. Sergio Morales ha conformado un Coquimbo que promete ser estelar en el próximo torneo de la Primera B con jugadores que trabajan con él.

El problema es que se hipoteca el futuro de los clubes al interés del representante de turno. Cuando dejen de ser un modelo de negocio atractivo tomarán su inversión y la llevaran a otro lado, lo que es válido y legítimo. No hay un interés manifiesto en las divisiones menores, porque esa es una inversión de largo aliento y no de resultados inmediatos. Esta figura, esta Integración vertical, restringe la libertad de trabajo. Se puede dar (ya ha ocurrido) que un agente controle el fútbol en dos equipos, lo que genera naturales suspicacias que se podrían evitar.

Dime quién te representa y te diré dónde puedes jugar.

Y dónde no.