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Entrevista AS

De la chacra al fútbol chileno: "A los 10 años caminaba 18kms para ir a entrenar"

Desde los 17 años, el paraguayo Arnaldo Castillo (24) realiza su carrera en Chile. "Los primeros seis meses lloraba todas las noches", dice a AS y habla sobre su sacrificada vida.

De la chacra al fútbol chileno: "A los 10 años caminaba 18kms para ir a entrenar"
@arnaldo.castillo

Arnaldo Castillo (24) disfruta su presente en Deportes Puerto Montt sin dejar de lado su pasado. Lo deja en claro en cada frase, en cada recuerdo que comparte en su charla con AS Chile. El paraguayo, autor del gol 2.000 de los albiverdes en el profesionalismo, llegó a Chile con 17 años dejando en su natal Ciudad del Este a su familia, sus costumbres y las vivencias de una niñez disfrutada, pero muy sacrificada. ¿Por qué? El propio futbolista lo explica.

"Caminaba 18 kilómetros en total para ir a entrenar cuando tenía 10-11 años. Eso ha dado sus frutos y gracias a mis padres soy lo que soy en la actualidad", revela.

- ¿Cuánto se demoraba en esas caminatas rumbo al entrenamiento?
- Dos horas diarias. La casa está un poco alejado de la carretera. De ella a la cancha donde entrenaba, eran unos cinco kilómetros y mi casa a la carretera unos cuatro. A veces hacía dedo y me llevaba alguien desde mi casa a la carretera y después caminaba lo que faltaba. Había ocasiones en las que mi papá no tenía cómo darme algo para ir a entrenar y me decía que no fuera, pero yo tomaba mi mochilita y partía caminando.

- ¿Le tocó trabajar en otros rubros?
- Sí. A mi papá ayudé, él es chofer de una distribuidora y me despertaba a las tres de la mañana y me encargaba de bajar los productos con él. Tenía 11 años y tenía que hacer esos trabajos. También iba a la chacra a buscar mandioca o maíz.

- ¿Tuvo que dejar el colegio por esos trabajos?
- No. Yo terminé el colegio a los 16 años sabiendo que iba a venir a Chile a los 17. Yo hice un 2x1 para terminar antes y no tener problemas. Iba a clases en la noche. Terminaba de trabajar a las seis de la tarde y entraba al colegio a las siete. Llegaba a casa, me duchaba, me cambiaba y me iba al colegio.

- ¿Y cuánto dormía entonces?
- Muy poco. Las clases terminaba a las nueve de la noche, llegaba a casa a dormir y mi papá me despertaba a las tres de la mañana para ir a trabajar. Cuando lo acompañaba, no entrenaba.

- ¿Pensó que no iba a llegar al profesionalismo?
- Nunca, porque sabía que tenía capacidades. Mi papá me entrenaba y me llevaba a equipos de Segunda en Paraguay para mantenerme en forma y así no perderme. Los clubes de allá me querían fichar, me veían condiciones. Pero justo llegó esa prueba en la que me vio Javier Araujo me vio y me trajo a Chile.

"Me vine a Chile solo con 17 años; los primeros seis meses lloraba todas las noches"

Castillo siempre quiso jugar fútbol profesional. En su país entrenó en equipos del ascenso, pero la gran chance le apareció desde Chile. Llegó a las juveniles de Universidad de Concepción, donde firmó contrato y después fue a préstamo a Naval, Fernández Vial, Deportes Iberia. Luego volvió a la U. de Conce donde finiquitó para luego regresar a Iberia como jugador libre.

"Allí fui uno de los goleadores del campeonato, tuvo ofertas del Ascenso y Primera, pero opté por Puerto Montt porque el 'profe' (Felipe Cornejo) me conocía y yo a él, así que por un tema de confianza decidí jugar aquí", indica.

- ¿Cómo se dio su llegada a Chile con 17 años?
- Tengo un representante que es japonés, pero que trabaja con un intermediario que está acá en Chile, que es Javier Araujo Ríos, quien jugó en Huachipato, Vial, Lota, Ñublense e Iquique, por nombrar algunos equipos. Me trajo tras una prueba en Paraguay y viví con él cuatro años en Concepción. Sigo teniendo relación con él. Me vine solo buscando cumplir mis sueños y darle un futuro mejor a mi familia.

- ¿Le costó la adaptación?
- Bastante. Me vine solo con 17 años y en los primeros seis meses lloraba todas las noches, echaba de menos a mis padres, mis costumbres. Fue muy difícil, pero me sirvió mucho para madurar.

- ¿Alguna costumbre que adoptó acá?
- Como muchas legumbres (risas). Lentejas y porotos porque me ayudan a tener una buena alimentación. Y a la cazuela le meto harto también (risas).

- ¿Siempre fue centrodelantero?
- ¡No! Fui central, lateral izquierdo, volante de contención y cuando llegué a Chile, jugué de '10'. Después, pegué el estirón, vieron que hacía muchos goles y me probaron de '9'. Me costó bastante...

- ¿Por qué?
- No me gustaba jugar de espaldas. Siempre tenía la cancha de frente. Antes controlaba y tenía otro panorama, pero de '9', tenía los centrales pegados y no me dejaban tranquilo. El 'profe' Araujo me empezó a aconsejar, después el 'profe' Osvaldo Cataldo (actual ayudante de Juan José Luvera en Huachipato) me enseñó bastante. Yo a veces pensaba en que yo le debería estar pegando al '9' (risas). Lo bueno es que a pesar de que me costó, hacía hartos goles porque sacaba ventaja con mi estatura.

- Usted pasó por la Segunda División, una categoría muy golpeada por varios factores. ¿Qué significa para el futbolista jugar en esa división teniendo en cuenta todos los problemas que se han generado desde su creación?
- Es muy sacrificado ser jugador de Segunda. Hay un tope de sueldo que te pueden dar y es difícil de poder estar tranquilo en el sentido económico. Me tocó estar en Naval de Talcahuano en 2017 y a mis compañeros no les pagaron sueldos por seis o siete meses, fue algo muy emotivo porque veía a mis compañeros sacándose la cresta y sin recibir nada. Fuimos subcampeones porque nos quitaron puntos. La ANFP ha dejado muy botada esa categoría.