El último baile de la generación dorada (…y sin Alexis)

The Last Dance es un enorme trabajo documental que sigue en detalle la última campaña de los Chicago Bulls con Michael Jordan a la cabeza. El equipo de baloncesto, dirigido por Phil Jackson, sabía que esa sería su campaña final después de varios anillos conseguidos para una franquicia que se había ganado un lugar en los recuerdos de la afición, de los especialistas y de los rivales. Los Bulls ya no era sólo una escuadra de básquetbol, eran un concepto, una marca, una identidad.

Algo parecido ocurre con la mejor generación de futbolistas chilenos de todos los tiempos en la antesala de la Copa América de Brasil, un torneo que no debió jugarse y que en caso de hacerlo pudo realizarse en cualquier lugar, menos el escogido. En algún momento de la planificación, el técnico Martín Lasarte pensaba utilizar este torneo como un ideal escenario de pruebas. Jugar con un equipo alternativo, pero competitivo. Dar espacio a jóvenes o jugadores que no son habitualmente titulares en las eliminatorias para que tuvieran competencia en un torneo de real calibre. Podía ser un certamen para ver a Gabriel Arias, Sebastián Vegas, Francisco Sierralta, Tomás Alarcón, Carlos Palacios, Leonardo Gil, Pablo Galdames, Clemente Montes, Diego Valencia, Marcelino Núñez, Jonathan Andía, Erick Wiemberg u otros nombres que, de otro modo, tendrían pocas chances de alternar en una convocatoria.

Pero la mejor generación de jugadores chilenos sabía que probablemente esta sería la última oportunidad de disputar, todos juntos, un torneo continental. Es probable que en la próxima edición más de alguno aún esté entre los escogidos, pero no todo el núcleo. Recitar la formación de Chile hace más de diez años es casi un ejercicio de memoria. Hay jugadores que siempre están. Bravo, Isla, Medel, Aránguiz, Vidal, Sánchez, Vargas. Incluso podríamos sumar a Eugenio Mena, inexplicablemente desterrado en el período de Reinaldo Rueda, pero que sabe de Mundiales disputados y Copa América ganadas. De la nueva generación podríamos asegurar que Guillermo Maripán y Erick Pulgar parecieran haberse ganado una plaza en la titular. El resto va y viene.

Los jugadores pidieron estar y ante eso Lasarte era poco lo que podía hacer. ¿Se le puede decir que no a un grupo que, además de sus enormes condiciones futbolísticas, mantienen vivo un gen competitivo que los ha llevado a algunos de los mejores equipos del mundo? Imposible. Se lo ganaron.

Otra cosa es el resultado en cancha. Primero con Rueda y ahora con Lasarte, el equipo ha merecido mejores resultados que los conseguidos. Chile debió ganarle a Bolivia con distancia, pero no lo hizo. En las últimas fechas de la clasificatoria los dos goles que le encajaron a Chile fueron de penal. Desde la elaboración de juego, la defensa no se vio superada ni siquiera por Argentina que tiene en sus filas al mejor futbolista del mundo.

Pero esta es otra historia. Un campeonato en donde Chile no contará en la primera ronda con Alexis Sánchez, el jugador más determinante en el juego ofensivo de la Roja. No sólo es el máximo anotador, sino el máximo asistidor. Sánchez participa en casi todas las ocasiones de gol nacionales. Un futbolista irreemplazable desde lo individual. Lasarte deberá encontrar una solución colectiva para un jugador que no tiene sustitutos.

Esta Copa América no se debió haber jugado. Pero ya empezó. No queda otra que afrontarla con el último aliento de una generación de futbolistas irrepetible. Ojalá los resultados acompañen. Y ojalá disfrutemos el último baile de un equipo que alguna vez nos hizo sentir como los mejores del mundo.