La generación perdida

Tras perder contra Paraguay, el técnico Martín Lasarte entregó un par de declaraciones que vale la pena aterrizar y mirar con perspectiva de futuro, no sólo con el resultado inmediato en la Copa América que se está disputando en Brasil.

Dijo Lasarte que para un equipo como el chileno, las ausencias de Alexis Sánchez, Erick Pulgar y Guillermo Maripán era mucho.

Y es cierto.

En un plantel donde la baraja de alternativas es estrecha, la falta de jugadores relevantes se resiente demasiado. Cuando Chile cuenta con todos sus jugadores a disposición puede alinear un equipo competitivo, uno que se puede convertir en un contrincante complejo, uno que puede pelearle a casi todos en Sudamérica, uno que difícilmente sea vapuleado por algún rival del vecindario. Puede pelearle a cualquiera, pero sólo si están todos. Si faltan algunos, el castillo se remece desde la base.

Dijo Lasarte que Chile aún cuenta con una franja importante de jugadores de élite. Por más de una década han llevado el carro de esta generación. Jugaron y juegan en los mejores equipos del mundo y se mantienen en ligas altamente competitivas. Todos ellos tienen más de 32 años. Juegan bien, muy bien, son crack, pero la intensidad de los partidos y la frecuencia de los mismos hacen mella en su rendimiento.

Hay una franja de jugadores muy jóvenes, menores de 22 años, que aparecen como muy buenos proyectos, pero aún no logran ni siquiera afianzarse en sus clubes. Es probable que lo hagan, es posible que den el salto al extranjero, pero están en ese proceso de crecimiento. Quizás el más adelantado de ellos sea Carlos Palacios, quien ya está en el Internacional de Porto Alegre. Sumemos a Tomás Alarcón, Clemente Montes, Gonzalo Tapia, Ignacio Saavedra, Luciano Arriagada, Marcelino Núñez, Diego Valencia, Daniel González, el mismo Ben Brereton. Todos menores de 22, en camino a un sendero superior, pero aún no están para asumir el testimonio del liderazgo de una selección absoluta.

El problema, advierte lasarte, está en la franja intermedia. Jugadores de 26, 27, 28 años, que ya deberían estar consolidados, que deberían estar jugando en competencias de alto vuelo y ser los primeros en asumir ese recambio generacional. En esa franja Chile tiene pocos jugadores en ligas relevantes. Podríamos mencionar a Paulo Díaz, Erick Pulgar y Guillermo Maripán, titulares en Argentina, Italia y Francia respectivamente, con casi un lustro jugando en el exterior. En esa franja de edad hay un abismo en donde cuesta encontrar alternativas. Entre los jugadores de élite y los jóvenes prometedores hay 10 años de diferencia. La zona intermedia es la que provoca el vacío.

Sólo un dato. La generación que jugó el Mundial sub 20 de Turquía el 2013, la llamada a suceder a la generación dorada, no pudo dar ese brinco de calidad. Buenos jugadores, sin duda, pero algo pasó en el camino que no llegaron a esferas mayores. La Roja que dirigía Mario Salas en ese certamen perdió ajustadamente contra Ghana en cuartos de final. Ese día formó con Darío Melo; Felipe Campos, Andrés Robles, Igor Lichnovsky, Mario Larenas; César Fuentes, Claudio Baeza, Bryan Rabello; Christian Bravo, Nicolás Castillo, Angelo Henríquez.

¿Cuántos de ellos son alternativa en la selección? ¿Cuántos de ellos juegan en ligas de alto nivel competitivo?

Miremos los suplentes. Bryan Cortés, Alejandro Contreras, Valber Huerta, Felipe Mora, Nicolás Maturana, Oscar Hernandez, Cristián Cuevas, Diego Valdés, Alvaro Salazar.

La misma pregunta genera la misma respuesta.

Díaz, Maripán y Pulgar, que llegaron a jugar en ligas más fuertes, no jugaron ese Mundial.

Así es difícil. No imposible, pero muy difícil. Lo padeció Rueda, lo padece Lasarte y cualquiera que venga a mediano plazo.