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Ustedes son muy jóvenes

A Chile le hacen pocos goles, pero Chile hace pocos goles.

A Chile le llegan poco al arco propio, pero Chile llega poco al arco contrario.

A Chile nadie le pasa por arriba, pero Chile tampoco pasa por arriba de nadie.

Chile le sigue ganando a los que les gana siempre, pero sigue perdiendo con los que pierde a menudo.

El escenario post Copa América deja a la Roja de Martín Lasarte con esa extraña sensación, incómoda quizás, de percibir que estamos cerca del brinco de calidad, pero algo sucede que no se consigue y quedamos más o menos donde mismo.

El bastante curioso considerar a Brasil como nuestra bestia negra, cuando en rigor el Scratch es la bestia negra de casi todas las selecciones del mundo. En Copa América nadie quiere enfrentar a Brasil en los últimos cien años de fútbol sudamericano. En los Mundiales todos evitan a Brasil. No significa que la Canarinha gane siempre, porque no es así. Pero siempre es peligroso y su estadística, en el uno contra uno, le favorece ante todos los países del orbe. Pero nosotros creemos que es nuestra bestia negra.

¿En qué fundábamos la esperanza de eliminar al equipo de Tite? En que a Chile lo dominan poco y con un golpe de alguna individualidad se podría doblegar una defensa a la que le anotan poco. Parte de nuestra esperanza, seamos sinceros, estaba en llevar el partido a los penales porque ahí las fuerzas se equiparan y este equipo tiene un historial positivo en definiciones desde los doce metros. Y el equipo no estuvo tan lejos, sobre todo en el segundo tiempo donde Brasil se quedó con uno menos y plantó dos líneas de cuatro, dejando a Neymar sólo arriba. Ya nadie come vidrios. Ni siquiera Brasil.

Pero el empuje, la voluntad, el entusiasmo, los viejos rockeros, la jerarquía, no fueron suficientes para empatarle a Brasil que tenía uno menos.

El tema no es Brasil. El tema a analizar es el recorrido completo. Con Argentina empataste haciendo un partido organizado. Sólo le ganaste a Bolivia, con justicia, jugando con cinco en el fondo en los últimos minutos. Aprendiste del duelo eliminatorio donde se empató un partido que Chile debió ganar por varios goles de diferencia. Empataste con Uruguay, en un duelo de voluntades de ambos más que de fútbol. Perdiste con Paraguay jugando muy mal, un equipo que individualmente no es más que Chile pero te presentó un aperitivo de lo que seguramente será un próximo partido eliminatorio. Y caíste con Brasil, que te gana casi siempre.

No es para descorchar champaña, pero tampoco es para enviar jugadores al paredón. Ganaste uno, empataste dos, perdiste dos.

Ustedes eran muy jóvenes quizás, pero hace seis años la selección chilena fue campeona por primera vez del continente. Menos de doce meses después fue campeón por segunda ocasión. En ese instante el plantel tenía jugadores militando en el Manchester City, Inter de Milán, Juventus, Hamburgo, Bayer Leverkusen, Bayer Munich, Arsenal. No se trata sólo de ser estupendos jugadores, porque lo siguen siendo. Se trata de mantener un ritmo de competencia alto y un estándar competitivo. Seis años después siguen más o menos los mismos, no porque se eternicen en el equipo, sino porque no han salido mejores que los dejen en el banco, con excepciones como Maripán y Pulgar que son titulares en medio de la generación dorada.

A Chile le da para competir, sin duda. Será un equipo difícil, sin duda. Pero no le vamos a ganar a nadie con extrema facilidad. Y el camino al próximo Mundial está muy complejo, pues aún dependemos de los viejos rockeros. Los Brereton, Palacios, Montes, Arriagada, Valencia, Alarcón, Saavedra, tendrán que subir mucho su nivel, consolidarse, mantenerse, si quieren llegar a competir con los titulares de hace más de una década.

De eso tampoco hay ninguna duda.