París no está tan lejos

Lionel Messi recaló en el París Saint-Germain y la verdad, la noticia no sorprendió demasiado al mundo fútbol. Apenas se supo que el mejor futbolista del planeta no continuaría su carrera en el Barcelona, el cuadro francés aparecía como el candidato natural para enrolar al zurdo. ¿Por qué, si el PSG no ha ganado nunca una Champions, no tiene un gran palmarés a nivel europeo, milita en una liga que no es de las más poderosas del continente? Porque tiene plata. Mucha. La suficiente para tener en la misma escuadra a Neymar, Mbappé, Donnarumma, Sergio Ramos, Mauro Icardi, Di María, Marquinhos, Hakimi y ahora a Messi. El gran objetivo del equipo que dirige el argentino Mauricio Pochettino no es otro que ganar el máximo trofeo de clubes de Europa. Cualquier escalón más bajo sería visto como un fracaso en consideración al dinero invertido.

El PSG es un equipo relativamente joven. Fundado recién en 1970 por la fusión de dos clubes, el París FC y el Saint Germain. Hasta antes de la llegada de los inversionistas cataríes, que desembarcaron en el 2011, habían ganado dos títulos locales. Hoy tienen nueve coronas. Su popularidad, era que no, fue creciendo sobre todo en este milenio y ya es uno de los equipos más convocantes de Francia junto al tradicional Olympique de Marsella, que dirige Jorge Sampaoli. En años anteriores jugaron por el PSG estrellas como David Beckham, Edinson Cavani y Zlatan Ibrahimovic.

En la misma ciudad, pero a muchos kilómetros, juega el otro equipo de Paris, el Red Star, actualmente animador de la Tercera División. Fue fundado en 1897 en el barrio ferroviario de Saint Ouen, en el norte de la enorme Ciudad Luz, por un joven dirigente llamado Jules Rimet, el mismo que años después sería histórico presidente de la FIFA, tanto así que la Copa del Mundo llevaba su nombre hasta la edición de 1974 en Alemania.

El Red Star se define como un club inclusivo, políticamente de izquierda, cercano a los inmigrantes y antifascista. Fue el primer equipo galo en sumar a una dirigenta a comienzos del siglo XX. Su nombre responde a una empresa naviera que recorría el Canal de la Mancha, pero contiene una clara alusión política. Su afición porta banderas del Che Guevara y en sus tribunas se entona el Bella Ciao, aquel himno partisano, de resistencia al nazismo, desde mucho antes que la serie La Casa de Papel la instalara en la órbita universal.

El club fue uno de los fundadores de la Liga de Francia. Nunca ha sido campeón, pero supo ganar la Copa de Francia en cinco ocasiones, la última de ellas en 1942. La gran figura de ese plantel era el delantero Rino Delle Negra, quien junto con sus goles y gambetas, compartía su tiempo con la militancia en grupos opositores al régimen de Vichy, colaboradores nazis en plena Segunda Guerra Mundial. El atacante fue ejecutado en 1944. Una de las tribunas del estadio del Red Star lleva su nombre. El recinto tiene por nombre Stade Bauer, en homenaje al médico del club Jean Bauer, asesinado también por los nazis. El recinto tiene capacidad para 10 mil espectadores. Diversos proyectos han pretendido aumentar el aforo, pero son sus propios hinchas quienes se han negado. Su argumento es breve y contundente. “No necesitamos más”.

En 1971 el Red Star contrató a Garrincha, uno de los mejores jugadores brasileños de todos los tiempos. La leyenda dice que al crack lo vieron poco en la cancha y mucho en la bohemia de una de las ciudades más hermosas del planeta.

El Red Star llegó a jugar en la Sexta División. Entre sus hinchas más reconocidos está en el expresidente Francois Hollande, hijo de ese barrio obrero del norte de Paris. Hoy está en Tercera División y no se parece nada a su vecino multimillonario que acaba de fichar al mejor jugador del planeta. Quizás en eso mismo radica su grandeza. Una grandeza tan distinta, tan diferente como incomparable. Una grandeza que no se mide en Copas ni en euros, sino en consecuencia y coherencia con su propia historia.