Todo lo que está Ben

¿Por qué queremos tanto a Ben Brereton? Hace exactamente una semana escribimos en este mismo espacio sobre el nuevo estatus que tenía el delantero inglés de madre chilena en la Roja. Hace un par de meses su arribo a la selección aparecía como una excentricidad. Hoy no sólo es titular fijo sino que ante Paraguay tuvo una actuación consagratoria. No lo estamos comparando con Zamorano, Salas, Chupete Suazo o el Chino Caszely, ni de cerca. Estamos diciendo que Brereton es una brisa de aire fresco para un equipo que necesita nuevas voluntades y bríos que renueven la fe y la esperanza.

¿Por qué queremos tanto a Ben? Porque llega a cubrir un espacio en el tan mencionado recambio. Una de las piezas de la nueva generación de jugadores chilenos fue hallada en un sitio inesperado. A veces esas historias, las inesperadas, son las que tienen mejores finales. Brereton tiene 22 años. Chile encontró un atacante para, al menos, dos clasificatorias, independiente cómo termine la historia de este camino a Catar.

¿Por qué queremos tanto a Ben? Lo dijo Mauricio Isla (de enorme partido ante Paraguay) una vez concluido el duelo. Brereton es un buen tipo, es humilde, encajó inmediatamente en un grupo de tipos grandes, consolidados, que han ganado mucho y que podrían mirar con distancia a este espigado barbudo que no hablaba una palabra de castellano. Lo dijo Lasarte en rueda de prensa. Brereton tiene un ángel especial, eso que no se trabaja, que no es transferible, que se tiene o no se tiene: carisma. El muchacho cae bien, tiene buena actitud, corre cada pelota como si hubiera nacido en este terruño y a nosotros, digámoslo, nos agrada el deportista voluntarioso. Ben se besa el escudo, Ben realizó todos los trámites para jugar por Chile sin saber si lo iban a convocar, Ben agregó el apellido de su madre en la camiseta, Ben es simpático, aunque no le entendamos nada y él nos entienda menos.

¿Por qué queremos tanto a Ben? Porque juega. Porque es buen futbolista. Porque hace goles. Martín Lasarte lo envía a ratos a jugar por los costados y ahí pierde, lejos del área, su mejor potencial. Brereton es un futbolista europeo. Cuando el equipo busca en exceso la elaboración de la jugada, el delantero del Blackburn pretende finalizar la maniobra. Tiene un juego más directo. Controla y le pega al arco. Fuerte. Al marco, si es posible. Cuando el técnico ordenó el ingreso de Meneses, Brereton al fin jugó un rato en la zona donde más le acomoda. Pocos minutos antes del gol ya avisó con un remate que rebotó en un defensor. Después vino el desahogo con el tanto y el golazo de Isla a los pocos minutos. Lasarte lo envió a la derecha cuando Chile quedó con uno menos y se llevó puesto a Alderete en la expulsión. Esa forma de jugar, europea, directa, sin ambages ni remilgos, puede ser un factor apreciado en un equipo que necesita consolidar el dominio.

Clasificar al Mundial sigue estando lejos. La línea de crédito está agotada. El margen de error casi no existe. Ganarle a Venezuela es perentorio. Pero si Chile no le ganaba a Paraguay, el partido ante la vinotinto casi carecía de sentido. La Roja logró extender un rato más la ilusión y eso, en un país que vive momentos complejos, se agradece más allá de los resultados futbolísticos. Se ganó porque se jugó mejor que el rival. Y esa ecuación no siempre se había dado en favor de Chile. En este contexto, la figura de Ben Brereton surge como una brisa de aire fresco necesaria para poder respirar.

Respirar, adentro y hondo.

Alegrías del corazón.