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Llegó carta a las oficinas de Azul Azul. No es una misiva cualquiera. El remitente del documento es Ennio Vivaldi, rector de la Universidad de Chile.

Le escribo con profunda preocupación por la situación en que se encuentra el Club de Fútbol Profesional Universidad de Chile, cuya administración a través de Azul Azul S.A. usted encabeza”, se puede leer en las primeras líneas del documento.

Azul Azul es la concesionaria que controla el club, pero el nombre, la marca, el escudo, la insignia, los colores, el Chuncho, la U, los derechos, pertenecen a la casa de estudios. Por eso el equipo se llama Universidad de Chile. La entidad tiene dos lugares en el directorio de la administración y recibe, anualmente, un monto bastante generoso por el uso de la marca.

La enigmática, sospechosa y misteriosa posición de Azul Azul de mantener bajo absoluto recelo la identidad de sus máximos accionistas exasperó no sólo a la afición y a la prensa (dos grupos que los máximos directivos de la concesionaria desprecian de manera evidente y sostenida en el tiempo), sino que colmó la paciencia del rector de la Universidad de Chile, el doctor Vivaldi.

La carta sigue.

“En nuestra opinión, sería un error atribuir la crisis actual a la reciente seguidilla de resultados deportivos adversos. Más bien, estos sólo han venido a exacerbar la inquietud expresada pública y reiteradamente por distintos protagonistas, entre los que nos incluimos, por la escasa información que Azul Azul S.A. ha proporcionado”. Es decir, la petición a la transparencia que solicita la Universidad de Chile no tiene que ver con los malos resultados deportivos. Eso lo agrava, pero es independiente de la incómoda posición en la tabla de posiciones.

“Se ha requerido insistentemente que se aclaren dos puntos centrales. Uno; es tomar conocimiento de los nombres de los propietarios del club. El otro; saber los planes y proyectos de la nueva administración. Estos factores, especialmente la falta de transparencia y secretismo en torno a la identidad de los inversores de Tactical Sport, han redundado en un clima de desconfianza que está causando perjuicios ante lo cual nosotros como universidad no podemos permanecer indiferentes”. Dice un extracto de la correspondencia. Ennio Vivaldi, la casa de estudios, exige revelar la identidad de quienes son los máximos accionistas de Azul Azul, como ocurre en todas las ligas y competencias donde el sistema de Sociedades Anónimas Deportivas funciona: todos saben quiénes son los dueños del Manchester City, los máximos accionistas del PSG, quién invirtió dinero en el Atlético de Madrid.

“Consecuentemente, como primera y principal universidad pública del país, tenemos el deber de desarrollar nuestra actividad de forma transparente, proba y con estricto apego a los valores y principios que nos rigen. Así, el Club de Fútbol profesional no debe ni puede estar ajeno a dicho modo de actuar”.

La carta fue enviada el viernes. Al cierre de esta columna, domingo por la noche, Azul Azul no ha emitido una línea de respuesta. A su desprecio a la historia, a la afición, a la prensa, se le suma un desprecio a la casa de estudios más importante de la historia de la República.

En entrevista concedida a radio ADN este domingo antes del partido de la U frente a la UC, el rector Ennio Vivaldi insistió en sus dichos. “La situación como está no puede seguir, es invitar al desastre”.

Corto. Preciso. Claro. Paren la chacota. La U no puede ser un misterio. No hay lugar para el secretismo.

Esperemos la respuesta a esa carta. ¿O van a llamar por teléfono para pedir que el rector Vivaldi se disculpe y retracte públicamente, como hizo la dirigencia de Azul Azul con otros profesionales?

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