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El sábado 4 de diciembre, exactamente a las 20.27, mientras la Universidad Católica levantaba la corona de campeón del fútbol chileno, llegó a las oficinas de la ANFP una denuncia por dobles contratos y otras irregularidades contra el club Melipilla. El oficio venía patrocinado por un abogado de Azul Azul, la concesionaria que administra la Universidad de Chile.

Sábado 4 de diciembre. Ocho de la noche y 27 minutos. La U jugaba al día siguiente ante Unión La Calera a contar de las 18 horas. Al momento de presentar la denuncia aún no se conocía la remontada increíble de los azules que les permitió zafar de todo. Tampoco se sabía que Huachipato descendería de manera directa y Curicó tendría que jugar la liguilla de promoción.

En algún momento se cruzaron dos conceptos que en ningún caso deberían colisionar: el cumplimiento del reglamento y el respeto de los resultados en la cancha. En cualquier deporte lo más saludable es que manden los resultados que se obtienen en el gramado. Pero eso no significa, bajo ningún aspecto, saltarse el reglamento vigente. Si no se cumplen las reglas, existen castigos, sanciones, normas que son elaboradas y aceptadas por los mismos dirigentes que después protestan latamente por la injusticia de sus propias determinaciones.

Cumplir los reglamentos no es una opción, es obligatorio para todos quienes participan de una competencia. Lo que asombra es que los denunciantes se percaten el 4 de diciembre a las 20.27 de las infracciones supuestamente cometidas por Melipilla. A menos de 24 horas de la finalización del torneo. Suena extraño que la primera denuncia haya sido enviada por un correo anónimo, esos que usan nombres ficticios y hartos números en la cuenta. Suena extraño que el organismo fiscalizador no se haya percatado, hasta la última fecha del certamen, de algún traspaso en las normas y que tenga que ser uno de los clubes que peleaban el descenso quien alumbre esa alerta. ¿Nadie se percató antes?

A la denuncia presentada por la U contra Melipilla se sumaron Cobresal, La Serena, San Luis, San Felipe, Unión La Calera, Huachipato, Audax Italiano, Ñublense y Puerto Montt, al menos hasta el cierre de esta columna. Diez clubes. No es poco. Debido a esta denuncia se postergó la liguilla de promoción que animarían Curicó Unido vs Copiapó, dos partidos que ya tenían fecha, locación y horario para que se jugara. Este retraso puede generar inconvenientes mayores pues hay varios jugadores de los equipos involucrados que terminan contratos y préstamos y que quizás se pierdan el duelo más relevante de la temporada.

La transparencia del torneo es el desde. No se pueden vulnerar las normas y no existe argumento suficiente para explicar infracciones. Pero eso no debería colisionar con los resultados en la cancha. Todo esto se pudo revisar antes, analizar antes, definir antes, para evitar malos entendidos, teorías conspirativas y manejo de pasillos. El fútbol chileno podría sumar un nuevo descenso por secretaría.

Quizás detrás de todo esto no esté solo la equidad deportiva. Quizás ya estemos en tierra derecha para las próximas elecciones de la ANFP. Quizás las decisiones y las protestas de última hora sólo sean movidas en un tablero de ajedrez que está muy lejos de la pelota y que aloja un interés solapado en el poder que significa comandar el fútbol chileno.

Quizás ya empezó la campaña por el sillón de Quilín.

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