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Por nuestro club somos capaces de inexplicables rituales, que sólo tienen sentido por esa devoción que despiertan muy pocas cosas, las pasiones reales, las que no tienen principio ni final.

Por nuestros colores somos capaces de plegarias, procesiones, rezar pese a ser agnósticos, de creer en un Dios que usa nuestra camiseta, de repetir cábalas que sabemos, racionalmente, que no sirven para nada, pero ante las cuáles no claudicamos ni por un instante.

Entrar siempre por la misma puerta al estadio, usar las mismas prendas, no mirar los primeros segundos de un partido, sentarse en los mismos lugares y que los acompañantes mantengan idéntica distribución que en ese partido que ganamos en el último minuto. Muchos hemos repetido acciones que sólo en la cábala o la maldición encuentran sentido. O sinsentido.

Francisco Mouat se sumerge en el mundo de Rosario Central en su último libro, Paraíso Canalla, editado por Overol. Navega por las historias que componen la identidad de un club que se cobija en la mística mucho más que en los resultados puntuales o las copas ganadas.

No crean que al hincha Canalla no le gusta ganar. Nada de eso. Su mayor símbolo es, precisamente, una victoria ante Newell’s hace exactamente 50 años. La palomita de Aldo Pedro Poy el 19 de diciembre de 1971 es el milagro que esperaba una fe que ya existía, pero que necesitaba un Mesías. En eso se convirtió el delantero de grueso bigote, ese que nunca vistió otra camiseta y que pese a los años sigue recreando esa zambullida, con las rodillas más gastadas y rodeado de los hijos y las hijas de los fanáticos que sí lo vieron jugar con la tricota de Central.

En Paraíso Canalla, Mouat indaga en el insondable misterio del Gran Lama, el enigmático líder de la OCAL, la Organización Canalla para América Latina, sigla que antes correspondía a la Organización Canalla anti Lepra. La audacia del doctor Guida, quien se roba la apéndice recién extraída de un defensor del rival más enconado, una lora embalsamada que en vida repartía improperios contra Ñuls. Una historia que es tan real que a ratos parece falsa. Como los sueños y los milagros.

Podemos dejar de creer en la política, en las instituciones, en los credos, pero no podemos dejar de creer en esos colores que nos mueven por razones inexplicables. Simplemente sucede. Leer Paraíso Canalla es enfrentarse a un espejo, con otra camiseta, pero el mismo relieve. Porque seguimos creyendo. Seguimos luchando. Seguimos creciendo.

Seguimos.

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