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El espía que vino del frío

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El espía que vino del frío

A Andrés Salcedo no le gustaba demasiado el fútbol. Al menos no era su deporte favorito en el comienzo de su carrera, en su natal Colombia. Lo suyo era el béisbol. Lo adoraba, lo seguía y lo entendía como pocos. Sin embargo el mundo deportivo lo recuerda como el narrador de la Bundesliga para Sudamérica. Andrés Salcedo falleció el pasado viernes. Tenía 81 años.

Andrés Salcedo no era un relator de tonos agresivos ni alaridos destemplados. Tampoco cultivaba un estilo veloz e infatigable. Era un hilador de frases, un cultor de la palabra y un acérrimo exponente del correcto vocabulario y la perfecta dicción.

Andrés Salcedo llegó a transmitir la Bundesliga de rebote. Vivía en España cuando se abrió la posibilidad de transmitir partidos de la liga alemana para el cono sur. Su estilo serio y elegante fue el escogido. Reconoció Salcedo que su gran inspiración para el relato fue Patricio Bañados, periodista chileno, voz de la BBC para América Latina en la década del 70. Admiraba también a Sergio Silva, otro narrador chileno que marcó escuela con su modo parco, pero contundente.

Andrés Salcedo ponía apodos, sobrenombres. Lo hacía por montones al nivel que no podemos identificar el nombre de algún futbolista sin vincularlo al alias otorgado por el relator colombiano. Como los partidos se daban en el último rincón del planeta, es probable que la mayoría de esos jugadores aún no sepan que eran reconocidos con pintorescos sobrenombres, gracias a Salcedo.

Andrés Salcedo bautizó a Karl Heinz Rummenigge como Caperucita, a Thomas Hassler como Poroto, a Pierre Littsbarki le decía Migajita. Policía Kuntz, Carbonero Wolfhart, Ojitos Augenthaler, Escopetita Mill, Olaf Thon era el Niño de las Peinetas, el Dinosaurio Russman, el Cavernícola Paul Steiner. Salcedo confesó que una vez llegó a un restaurante. El Cavernícola Steiner, jugador del Colonia, estaba en el lugar y lo encaró, en un perfecto castellano, supuestamente molesto por el denigrante alias. Ante su mirada atónita, el recio zaguero respondió con una carcajada. Fueron amigos hasta el viernes pasado.

Mi favorito era el sobrenombre de Norbert Nachtweih. El jugador desertó de la Alemania Oriental. Salcedo, parafraseando la novela de John Le Carré, lo bautizó como El Espía que vino del Frío.

Los narradores de fútbol nunca relatan un mal partido, sobre todo los que ofician en radio. Nos hechizan contando un cuento, una fábula, una épica, aunque en la cancha se juegue al ritmo de la modorra y con poca intensidad. Muchos crecimos con la radio adherida a la oreja y construíamos postales gracias a sus descripciones y frases propias, que hasta hoy atesoramos, como los apodos de Salcedo.

Admiración infinita a los relatores y relatoras, que como Salcedo, nos enseñan a creer, a soñar, que son nuestros ojos y nuestras palabras cuando la pelota empieza a rodar.

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