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Nunca subestimes a un fanático

Nunca subestimes a un fanático

La frase pertenece a Jorge Valdano. “Nunca subestimes a un fanático, no sabes lo que puede llegar a hacer producto de su pasión”.

Hablamos del fanático real. No necesariamente el más histriónico, el que se pinta la cara hasta esconder sus rasgos y menos, mucho menos, ese que cree que su aliento es más importante que el escudo, la camiseta, los colores, la algazara en el triunfo o el apoyo en la derrota.

No.

Hablamos de otro tipo de fanático. Ese que no puede frenar el amor por una causa. No es pensado, ni calculado. Simplemente ocurre. La pasión es parte de su esencia, de sus acciones, de sus pensamientos, de sus palabras. Y cuando excede esos márgenes, la pasión también es parte de su obra.

Eso hace Nicolás Salgado en Diego Eterno, esa contundente biografía visual que lanzó Cracks Ediciones. Un libro inmenso, literalmente, en formato “table book”, 414 páginas de fotografías, papel de altísima calidad. Pero más allá de lo formal, que suma bastante, el fondo del trabajo refleja el amor de un fanático. Salgado no es periodista, proviene desde otro lugar. Cuando Maradona murió se dio el plazo de un año para reunir las fotografías más emblemáticas en la carrera del 10. A través de cientos de postales vemos a un Maradona que hemos visto mil veces, pero también a un Diego diferente, desde el inicio de su carrera hasta su muerte. El trabajo no se queda ahí. Realiza un recorrido a lo largo del planeta, desde barrios porteños hasta lugares muy exóticos, en donde la figura inconfundible del argentino es retratada en murales, en barrios de diferentes colores, latitudes, países, geografías, instancias. Fanáticos que sin esperar nada pintaron a su héroe y de esa forma también se retrataron ellos mismos.

John Berger, el versátil autor inglés, escribió que “la excitación que nos produce la fotografía deriva de una carga de memoria. Ese efecto se hace evidente cuando se trata de la foto de alguien que conocimos alguna vez. Una casa en la que vivimos. Nuestra madre cuando era joven. La forma precisa en que se derrite la nieve”. Nunca conocimos a Maradona, pero quizás lo conocimos demasiado. Cuando lo vemos nos vemos a nosotros mismos, desde la adhesión más profunda hasta la oposición enconada. Dijo alguna vez el propio Maradona, “yo soy blanco o negro, jamás gris”. Y lo consiguió. Su figura no resbala, no provoca indiferencia.

¿Es un libro para fanáticos? No necesariamente. Un fanático lo gozara porque al repasar la historia de Maradona transitará su propia biografía. Pero alguien que no es apasionado por el fútbol ni por el 10 también puede valorarlo, como el retrato de una época, de naciones, de idiosincrasias incomparables entre sí. Y conmoverse con lo que puede llegar a hacer un fanático cuando lo mueve la pasión.