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El liderazgo no se compra en la farmacia. Es un rasgo, una característica, una cualidad que muchos y muchas poseen de un modo inherente. Es clave desarrollarlo en los grupos de trabajo donde se deben reunir demasiadas voluntades y personalidades en un criterio común, un objetivo o resultado.

Pero el liderazgo también se trabaja. La generación dorada, la misma que Alexis Sánchez decretó su cierre, tenía entre sus virtudes una serie de liderazgos internos con diferentes características. La voz de mando de Claudio Bravo, el empuje de Gary Medel, la resiliencia de Charles Aránguiz, la mesura de Jean Beausejour, el desnivel de Alexis Sánchez, la exuberancia de Arturo Vidal, el sentido crítico de Gonzalo Jara. Podemos verlo desde dos ópticas: un grupo lleno de líderes es difícil de comandar. Pero también como un enorme plus. Un grupo con ese empuje genera un bloque titánico cuando se trata de marcar una ruta.

El recambio de la generación dorada no sólo es futbolístico, sino de liderazgos. Hay imágenes y postales que retratan ciertas señales. En el pasado amistoso contra Paraguay, cuando Paulo Díaz anota el gol de cabeza, Gary Medel corre hacia el banco y conmina a los suplentes a unirse al festejo. Hacer grupo. Fortalecer. Integrar. Sumar a todos. Al final del pleito, cuando la victoria ante la selección albirroja estaba consumada, Medel corrió y al primero que abraza es a Alexander Aravena, uno que debutaba en la Roja y que tuvo un rendimiento que da para ilusionarse. Respaldo. Reconocimiento.

No es un misterio que los viejos rockeros están dejando la banda. Es la ley natural del fútbol. Será Alexis Sánchez el estandarte. El que quiso guardar la camiseta 7 y reemplazarla por la 10, como postal de un nuevo proceso, de un cambio de piel. Pero es necesario que surjan nuevos liderazgos. Jugadores que se sientan empoderados en su rol y tomen ese testimonio.

Es necesario que los Maripán, Suazo, Marcelino, Méndez, potencien no sólo su rendimiento en cancha, se ganen un puesto, sino que tomen la voz de un grupo que puede bajar en categoría y rendimiento en comparación con la generación dorada, pero deben contagiarse de su gen competitivo en una eliminatoria donde todos los rivales ya muestran sus dientes afilados, insinuando que el camino al Mundial del 2026 será muy rudo, pese al aumento de las plazas clasificatorias.

Y para eso se necesita fútbol y líderes que exploten. Los líderes innatos o los que trabajen para asumir dicho testimonio.