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¿Sirven los partidos amistosos de la selección chilena, aunque los rivales sean de escasos pergaminos y no apuren demasiado? Todo sirve. Jugar siempre sirve porque cada partido entrega información. El tema es qué se hace con esa información recopilada, cómo se evalúan las prestaciones para evitar, a toda costa, las interpretaciones tajantes, a favor o en contra. Prudencia, la mejor aliada.

A los equipos de bajo nivel hay que tratar de ganarles, primero, y ojalá por muchos goles. Pero sobre todo exhibir rendimiento, funcionamiento, probar, experimentar. Todo eso suma, más allá del resultado. En un deporte competitivo el resultado siempre es importante, pero no es comparable, no es transferible a un pleito amistoso con un confronte eliminatorio, Copa América o Mundiales.

Chile goleó a Cuba y a República Dominicana, dos equipos extremadamente discretos. Es mejor jugar contra rivales de altos pergaminos, que te apuren, que te exijan, eso es indudable. Pero lejos del fútbol ficción, es menester evaluar lo que hace la Roja contra los rivales que tiene al frente, no los que no estuvieron.

La baraja de porteros incluye a Brayan Cortés, Gabriel Arias, Cristóbal Campos, por ahora. En el cuerpo técnico de la selección la decisión es, hoy, no convocar a Claudio Bravo.

Los laterales que aparecen encaminados a una titularidad son Guillermo Soto y Gabriel Suazo. El estatus del ex capitán de Colo Colo creció con una estupenda temporada debut en Francia. Uno de los centrales debería ser Guillermo Maripán. Para su compañero de retaguardia hay varios postulantes: Paulo Díaz, Benjamín Kuscevic, Francisco Sierralta Matías Catalán y el mismo Gary Medel si el técnico así lo decidiera. Nombres que incluso le permitirían disponer de una línea de tres zagueros si así lo amerita el pleito.

En la mitad del terreno el presente de Erick Pulgar lo erige como titular fijo. Marcelino Núñez es otra carta que arranca con ventaja y para Berizzo, Arturo Vidal sigue siendo un titular. El tema es que el volante de Flamengo ya no tiene los recorridos de antaño, donde en su mejor versión partía desde el volante central y terminaba la jugada como centrodelantero, rompiendo líneas, esquemas, convirtiéndose en un futbolista inclasificable. La versión actual de Vidal requiere de trayectos más acotado, cerca de la zona de influencia. Queda un puesto disponible en la mitad de la cancha. Cartas como Víctor Felipe Méndez y Diego Valdés aparecen como destinados a luchar por esa plaza, pues arriba Alexis Sánchez y Ben Brereton son fijos. Un volante más o un tercer atacante, son parte del tablero que el técnico deberá decidir dependiendo las circunstancias.

Existe una obsesión por armar un 11 tipo y eso es un error conceptual. Un plan de partido, elaborado por cualquier técnico, incluye no sólo los titulares sino las opciones de cambio. Si eso lo trasladamos a una ruta larga, a una maratón como son las clasificatorias, no tiene sentido reducir la discusión al 11 titular. Ese es sólo el diseño. La planificación debe considerar, para cada partido, una cantidad de 16, 18 jugadores con estándar competitivo, que le permitan a Berizzo ampliar la baraja de nombres, características y, por ende, de modelos de juego. Hay nombres que aparecen en la carpeta y que presentar credenciales para estar en las nóminas largas: Delgado, Aravena, Barticttiotto.

Pero la base está. Ojalá se pueda ampliar en nombres y sobre todo en nivel competitivo. Pero Eduardo Berizzo ya tiene el núcleo. El exayudante de Bielsa es un seleccionador, no un inventor o creador de jugadores. Es lo que hay y con esto hay que luchar por uno de los cupos al Mundial, que en este lado del mundo no son pocos.