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Bravo: tan lejos, tan cerca

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La ausencia de Claudio Bravo de esta serie de partidos amistosos de la selección chilena no fue un acto de rebeldía. No es que el capitán de la Roja renunciara a la convocatoria o dijera que se alejaba del arco de la selección. Fue una petición que el cuerpo técnico aceptó. A partir de ahí, ambos caminos, el del arquero y el del técnico, pueden tomar los derroteros que estimen convenientes de acuerdo a sus respectivos roles.

El arquero de la selección solicitó vacaciones, que fueron aprobadas. Sabe que no tiene nada que demostrar y que su presencia ante rivales como Cuba, República Dominicana y Bolivia no mueve la repisa. En contrapartida, el cuerpo técnico consideró que el portero debió asistir al igual como lo hicieron otros referentes, quienes no solicitaron permiso, como Alexis Sánchez, Gary Medel o Arturo Vidal.

La pregunta que surge es, si el técnico consideraba que la presencia de Bravo era así de sustantiva, por qué le permitió tomar su período de vacaciones. Por qué no planteó inmediatamente sus reparos y por qué ahora hay versiones tan contrapuestas de un mismo relato.

Los discursos marciales en el deporte suelen ser muy atractivos. Hijos del rigor, disciplina por sobre todo, ninguna diferencia entre estelares y jugadores menos reconocidos. Pero esos son eslogan y bien lo sabemos en Chile. Muchos entrenadores de la Roja, por no decir todos, algunas veces hicieron excepciones con jugadores que se ganaron precisamente esa excepcionalidad y con otros que no se la ganaron, para nada.

Lo cierto es que una situación que pudo manejarse de otro modo termina enturbiando un camino que necesita de coherencia sin fisuras. El cuerpo técnico ve lejos convocar otra vez a Bravo. Se trata de dar señales de rígida disciplina. Pero falta mucho para septiembre cuando comienzan las eliminatorias y las posiciones tajantes, sabemos, suelen relajarse cuando la necesidad es mayúscula.