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No es el dueño, pero toma las decisiones más importantes del club. Todas o casi todas.

No es el dueño, pero nombra a quienes toman las decisiones que él no toma. Porque un buen líder sabe delegar.

No es el dueño, pero todos los colaboradores que trabajan en el club son personas que trabajaron con él en otras instituciones. Porque aparte de no ser el dueño, tampoco es dueño de otros clubes.

No es el dueño, pero escoge al entrenador. Lo entrevista en sus dependencias, negocia su sueldo, la extensión y el plan de trabajo. Lo deriva luego al director deportivo, nombrado también por él, quien sella el acuerdo, posa para las fotografías con el flamante técnico, en la ceremonia de la camiseta puesta y los parabienes iniciales.

No es el dueño, pero no llega nadie al club sin que él lo sepa. A menudo son futbolistas que pertenecen a su propio corral de representados, que triangulan por los equipos donde tiene influencia y control, porque dueño no es, enfatizamos.

No es el dueño, pero designa todas las gerencias y los representantes del club ante el ilustre Consejo de Presidentes, que ya no está compuesto por timoneles sino por dueños o, en su defecto, administrativos ubicados por él en ese rol. Pero no es el dueño, no se confunda.

No es el dueño, pero debe lidiar con el poder político para todo lo concerniente al Estado. El plan Estadio Seguro, la relación con las autoridades policiales, con los municipios, ya que la mayoría de los recintos en Chile son del Estado. Pero por supuesto, no es el dueño.

No es el dueño, pero es el principal encargado de compras y transferencias de los jugadores que militan en la institución. A menudo, representados por él mismo o algún colaborador muy cercano.

No es el dueño, pero cuando alguna nota de prensa o algún personaje del fútbol osa desenmascarar dicha relación, es el primero en brincar de su sitio, para asegurar que no es el propietario.

No es el dueño, pero entrevista personalmente a todos quienes quieran entolarse en algún cargo relevante en el club.

Pero no es el dueño. Eso indican los papeles, que es la única verdad. Pensar lo contrario es parte de la mala leche, verdadero deporte nacional.