¿Y ahora, qué?
Al menos ya sabemos con quiénes estamos hablando. Y eso es una buena noticia.


Votada la ley de reforma a las sociedades anónimas deportivas, resta un largo camino para que esto se convierta en ley. Pese al lobby feroz, a la arremetida epistolar por parte de algunos dirigentes, a las amenazas con las penas del infierno si el texto seguía avanzando, el Senado la aprobó con una mayoría abrumadora.
Lejos de considerar este punto como una señal, los clubes del fútbol chileno (las sociedades anónimas que las controlan, mejor dicho), han dado una aparente marcha atrás junto con la ANFP.
¿No les llamó la atención que después de la votación en la Cámara Alta, no hubiera ninguna declaración posterior de las instituciones y del órgano mayor del fútbol chileno? Un silencio llamativo.
A partir de este mutismo, podemos interpretar una serie de variantes, basadas en la forma de operar de las concesionarias y por información recogida en las últimas horas: no se quedarán quietos y confían en que su posición termine siendo la predominante en los próximos meses, con una nueva legislatura, con un Congreso conformado de distinto modo.
Más allá de lo que ocurra, estas semanas han servido para develar ciertas posturas de cara a los comicios del fútbol chileno de noviembre próximo: cuando los clubes quieren unirse, pueden hacerlo. La carta fue firmada por 30 de los 32 clubes de Primera y Primera B. Los primeros en comandar esta posición fueron Universidad Católica, Palestino y Coquimbo, precisamente los clubes que encabezan una oposición que está comenzando a articularse. Sus presidentes, Tagle, Uauy, Contador, aparecen como posibles nombres para una eventual testera.
El tema, además, es que los clubes han demostrado qué para no perder el botín mayor, están dispuestos a hacer vista gorda a flagrantes yerros que tiene la modalidad actual de gestión. Ningún club se ha opuesto de manera taxativa al influjo de los representes (más allá de lo discursivo) ni a la multipropiedad evidente, que miran con un silencio asombroso.
Para los equipos del fútbol chileno, este es un asunto entre privados y nadie más merece estar en la ecuación. Ni las autoridades del país, ni los aficionados, ni la opinión pública. Nadie.
Sólo como un dato. Cuando el proyecto fue presentado, los legisladores presentaron el primer borrador y la primera reacción de los clubes fue enfocada en un punto: oponerse a la posibilidad que los hinchas estuvieran representados de alguna manera en los directorios.
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No señor. Eso no. Los hinchas son clientes y nos sirven en la medida que consuman nuestro producto. El punto fue sacado del borrador.
Al menos ya sabemos con quiénes estamos hablando. Y eso es una buena noticia.
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