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Arcos

Alí Baba y los 40 ladrones

Sergio Jadue hoy cumple 100 días en Estados Unidos, donde es procesado por hechos de corrupción.
Andres Pina/Photosport

Acabo de leer la nota de Carolina Fernández en diario AS, donde realiza una semblanza del modo de actuar de Sergio Elías Jadue Jadue, el corrupto ex presidente de la ANFP. En el artículo se revelan detalles cotidianos, del día a día, esos que realmente sirven para perfilar a un personaje como el antiguo timonel del fútbol chileno.

Mentiroso, encantador, vanidoso, ególatra, dueño de un carácter avasallador. Características propias de un personaje a quien el renombre le llegó de improviso y que no supo manejar las cuotas de poder.

La pregunta surge de inmediato. Una pregunta recurrente, que hemos escrito varias veces en estas columnas y que la nota de AS responde de manera taxativa. ¿Actuó solo Sergio Elías Jadue Jadue? ¿Es el único culpable de la crisis más grande, ordinaria y corrupta en la historia del balompié nacional? Por supuesto que no. No se manejaba solo. Por acción o por omisión, varios son los culpables de permitir un poder casi sobrenatural a quien no había hecho méritos ni tenía las condiciones para ostentarlo.

En la nota se aclara que no fueron pocos los que alzaron la voz alguna vez. Jorge Lafrentz, presidente de Wandererers, fue vilipendiado por el calerano cuando pidió que se aclararan los préstamos a diferentes clubes. Y nadie dijo nada. Nadie más levantó la mano para que, al menos, quedara constancia de las dudas que dejaba la gestión de la mesa directiva. ¿Por qué? Porque 22 clubes habían recibido aportes de la ANFP. Cómplices activos, no silenciosos.

Cuando Sergio Elías Jadue Jadue se presentó a la reelección, solo tres clubes votaron en contra. Santiago Morning (Jadue odiaba a Miguel Nasur), O’Higgins (Jadue odiaba a Ricardo Abumohor) y Temuco (Jadue odiaba a Marcelo Salas). El resto, todo el resto, el inmenso resto, votó por la continuidad, pese a que ya habían sospechas de sus turbios manejos.

Pero el ex dirigente, a quien la FIFA pretende castigar de por vida y que se fue de vacaciones a Miami, no tenía la capacidad para armar todo este puzzle solo. Necesitaba cómplices, asesores, ayudantes, consejeros, una mesa directiva que estuviera de acuerdo y un Consejo de Presidentes que hiciera vista gorda.

Los chilenos no hemos aprendido. Somos capaces de hacer cualquier cosa con tal de ganar. Ganar a cualquier costo. Ocurrió en 1989, cuando con tal de clasificar a un Mundial un arquero se cortó la ceja en la trampa más nefasta en la historia del fútbol mundial. Ocurrió el 2015 cuando, con tal de ganar la Copa América, se permitió todo. Pero todo. Y algunos aún defienden que da lo mismo, porque somos campeones de América, como nunca antes y eso vale todo la pena. Lo único peor que no saber perder, es no saber ganar.

El cuento de Alí Baba no se entiende solo. Se necesitan otros cuarenta ladrones para completar el cuadro.