La hora del Príncipe

Hace poco menos de un año todos estallábamos de alegría al conseguir por primera vez la Copa América para las vitrinas de nuestro fútbol. En esos días había una opinión casi unánime, pero con poco volumen. Se decía casi en voz baja, incluso por parte del ex seleccionador de la Roja: Charles Aránguiz fue el mejor de Chile en la Copa América.

Una carrera meteórica, siempre en ascenso. Desde su paso por Cobreloa, siempre callado, haciendo su trabajo, alejado de las luces y rindiendo donde importa, en la cancha. Colo Colo, Quilmes de Argentina y un paso espectacular que coincidió con el mejor periodo histórico de Universidad de Chile, es lo que pudimos verle antes de pasar a desafíos mayores.

Me preguntaron antes de contratarlo en Porto Alegre y no dudé en destacar sus cualidades como un jugador que trabaja para el equipo y que no busca luces propias. Mirada completa del campo de juego, sacrificio para defender y creatividad para atacar. En Internacional de Porto Alegre brilló con luces propias, destacando como el mejor en un campeonato muy difícil como el Estadual, y siendo considerado en el equipo ideal en el Brasileirao.

Aránguiz hizo un gran Mundial en Brasil y una mejor Copa América para luego dar el paso hacia el Bayer Leverkusen. Lamentablemente se lesionó cuando todavía no llegaba a jugar un partido oficial. Una recuperación lenta, pero hecha a conciencia le permitieron volver y destacar de inmediato en su equipo.

Por ahora sólo queda esperar a ver cómo está para la competencia con la Selección. Creo que ésta Copa América Centenario será de gran ayuda para que vuelva a encontrar su mejor nivel, ese que logró en junio del año pasado cuando por primera vez gritamos Chile Campeón. Llegó la hora del Príncipe.