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La vergonzosa historia de la mayor goleada del fútbol chileno

Reportaje

La vergonzosa historia de la mayor goleada del fútbol chileno

La vergonzosa historia de la mayor goleada del fútbol chileno

Diario La Nación

Hace exactos 67 años, Everton derrotó 17-0 a Santiago Wanderers, en uno de los episodios más bochornosos del profesionalismo en Chile.

Han pasado 67 años y este partido sigue generando discusiones y burlas entre los hinchas de Everton y Santiago Wanderers. El domingo 30 de abril de 1950, los ruleteros golearon 17-0 a los caturros, en la mayor goleada de la historia del fútbol profesional chileno.

El encuentro se jugó en el estadio El Tranque de Viña del Mar (actual Sausalito) y correspondió al Campeonato de Apertura Carlos Varela. ¿La razón del desigual resultado? Wanderers se presentó con sólo tres jugadores titulares: el defensa Francisco Julio, que actuó de arquero; el volante Benito Arenas y el delantero Alberto Valdebenítez.

Los restantes ocho jugadores pertenecían a las divisiones inferiores de Wanderers. Entre ellos José Contreras, un ayudante de fotografía del diario El Mercurio de Valparaíso, que ese día fue al estadio, originalmente, a cumplir funciones periodísticas.

Wanderers jugó el clásico con juveniles como protesta, "por el nulo respaldo que la División de Honor (ANFP actual) le otorga al equipo". Las razones de los dirigentes porteños eran tres: primero la Asociación les negó un viaje para jugar en Montevideo; luego enfrentaron a Audax, que actuó con seleccionados pese a una prohibición que no fue tomada en cuenta por el organismo; y finalmente, no se les concedió el permiso para disputar un amistoso ese mismo domingo 30 con el América de Río de Janeiro.

Malas decisiones

El directivo de la División de Honor, Clemente Miranda, viajó muy preocupado a Valparaíso el día sábado: su misión era impedir que Wanderers no se presentara al clásico porteño. El personero recibió un portazo de los dirigentes caturros, pero logró hablar con el técnico del decano, José Pérez, que le aseguró que saldrían a la cancha y con varios titulares.

El día del partido, Miranda tuvo acceso a los nombres de los 11 jugadores de Wanderers que jugarían en El Tranque. Pese a conocer la diezmada alineación caturra, el dirigente aprobó la realización del choque, en una medida muy criticada por la prensa. También los dardos apuntaron a Everton. "El club local debió haber colocado algún anuncio, dando cuenta de la realidad del partido, o en el peor de los casos, no haber cobrado la entrada", escribió El Mercurio de Valparaíso. Nada de eso ocurrió y 3.251 personas pagaron su ticket.

Una vulgar "pichanga"

El partido, que comenzó a las 16:15 horas, fue llamado "una vulgar pichanga" por la prensa. Everton jugó con titulares y en el primer tiempo se fue en ventaja de 7-0, con goles de Jorge Uribe (4'), Elías Cid (7' y 27'), Sergio Álvarez (8'), Enrique Ponce (22' y 37') y Antonio Morales (26').

Así informó del partido "El Mercurio de Valparaíso".

En el segundo tiempo, Wanderers ingresó a la cancha con sólo nueve futbolistas, por el retiro de Julio y Duque. El juez Alejandro Gálvez decidió suspender el partido, pero Miranda, director de turno, ordenó que se iniciara la segunda fracción. Cid anotó dos goles más en el inicio (47' y 51') y el árbitro expulsó a Víctor Contreras de los caturros por juego brusco. El décimo tanto llegó a los 55', mediante Álvarez. En la jugada siguiente, el árbitro echó de la cancha a Salvador Biondi de Everton y Benito Arenas de los verdes.

A los 68', Wanderers quedó con seis jugadores al salir lesionado Valdebenítez. Según el reglamento de la época, el partido debió suspenderse, pero el juez y el director de turno decidieron continuar el encuentro. El público comenzó a pifiar y más de la mitad de la gente se retiró del estadio. La “lucha” terminó en un histórico 17-0 para Everton, que se completó con goles de Morales (65', 67' y 80), Álvarez (68'), Ponce (70' y 84') y el quinto de Cid (72').

Y pudieron ser más goles, pero el árbitro Gálvez se apiadó de los caturros y finalizó el partido tras el último tanto de Ponce. Daba lo mismo, el bochorno ya había quedado en la historia.

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