Francia, un nuevo estilo de baile

Al final del camino solo uno levanta la Copa de Campeón y en ese contexto el triunfo de Francia es inobjetable. En siete partidos jugados ganó seis y empató uno, el deslavado empate a cero contra Dinamarca (la única paridad sin goles del Mundial). Un equipo equilibrado, fuerte y parejo en todas sus líneas.

¿Fue Francia el equipo que exhibió el mejor fútbol? La respuesta no es categórica. Los números inclinan la balanza, sin duda, para el equipo galo, pero el espectáculo, la forma, el juego a la vista nos deja la incógnita. Quizás lo que hace Francia es instalar una nueva forma de juego a la que debemos acostumbrarnos. Un nuevo estilo que en este Mundial fue reforzado.

Hoy todo es muy parejo. Nadie regala nada. La táctica se impone. El juego colectivo prevalece sobre los individuales. Y las grandes figuras deben acoplarse a la pizarra. Si el grupo no te acompaña, puedes ser el mejor del mundo y terminar viendo los torneos mundiales desde lejos (Messi, Ronaldo, Neymar).

La final termina siendo un reflejo del campeonato. Croacia propuso más en el primer tiempo, pero el equipo de Deschamps acelera apenas aprecia una nube en el horizonte. Y cuando lleva el juego a sus parámetros, saca chapa de equipo diferente. Por eso me parece un equipo mezquino. Juega a cuentagotas, a ráfagas de fútbol intenso, pero siempre reguló la marcha.

Demos vuelta la óptica. ¿Qué equipo puede ganarle a Francia? Es difícil, porque sus herramientas de respuesta son rápidas y eficaces. Le haces pocos goles, tienen un estupendo arquero, zagueros centrales muy altos y sobrios, dos volantes de corte. Uno puede nombrar el equipo de memoria y eso le da una estabilidad que nadie más mostró en el Mundial.

Los partidos lo ganan los jugadores, los torneos lo hacen los planteles. Deschamps miraba a su banca y se encontraba con reservas de extrema calidad. Quizás eso no se notó tanto en los partidos pues la solución no vino desde la banca, pero si es influyente en el trabajo diario, en el proceso, en la preparación.

Desde el punto de vista del espéctaculo, Bélgica me pareció el equipo más luminoso. Perdió apenas contra el futuro campeón y por la mínima. En la dictadura de los campeones, alguien dirá que no han ganado nada. Pero ganaron mucho. Al igual que Croacia, que llegó a una final con la última gota de combustible pero mostrando eso que es tan difícil de medir: garra, corazón y esfuerzo.

Se fue Rusia 2018. A sacar lecciones para el futuro. No basta con jugar bien. Tienes que convertir en un rival incómodo. No sé si Francia fue el mejor de todos, pero a nadie le gustaría enfrentarlo en un Mundial.

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