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La Roja no quiere entregar la corona

Chile está en semifinales, otra vez. Por tercera ocasión consecutiva la Roja se mete entre los cuatro mejores de la Copa América. Ganó las últimas dos y ahora sigue bregando para no ceder el lugar de privilegio.

La experiencia de la mejor generación de futbolistas de todo los tiempos (aunque a algunos les irrite), pudo sacar adelante un cotejo que partió complicado desde la logística, al llegar a la cancha con casi una hora de retraso, lo que obligó a postergar el inicio del partido.

Se jugó contra todo. Contra Colombia, el mejor equipo de la primera fase, que se va de este torneo sin haber recibido un gol en contra. Se jugó contra el VAR, discutidas decisiones que si bien fueron correctas, podían haber desenfocado al equipo. Pero Chile no se fue del partido. Se enfocó, se concentró y fue superior al equipo que dirige Carlos Queiroz. Se jugó contra los penales, esa definición que mezcla sensaciones, mentalidad y calidad. Y fueron lanzados de manera perfecta, siempre remando desde atrás.

Enorme partido de Alexis Sánchez, una de las mejores actuaciones de Guillermo Maripán, Erick Pulgar con otro rendimiento alto, en un podio al que pueden subir Charles Aránguiz, Gary Medel o Mauricio Isla.

A Chile casi no le patearon al arco, no sólo ante Colombia, sino en todo el campeonato. Ha sido dominado a ratos, pero el capaz de cerrar sus filas hasta recuperar el control. Le falta volumen de ataque, no ha convertido goles en los últimos dos pleitos, pero ya espera a Uruguay o Perú para pelear por jugar otra final.

Con Sampaoli, con Pizzi, con Rueda, Chile jugará a semifinales. Cada uno con un libro distinto, pero con una base de jugadores inolvidable. El que no quiere, que no lo vea. Un equipo maduro, copero, experimentado, que siempre invita a soñar.