Jarry y su primer título de muchos

Guianluigi Quinzi es un talentoso zurdo italiano que en 2013 ganó Wimbledon junior y lideró el ranking mundial juvenil convirtiéndose en la gran esperanza del tenis de su país. Hoy, seis años después, está situado en el puesto 285 del ranking ATP y a comienzos de esta semana, en una postal de su presente, fue eliminado en la segunda ronda del Challenger de San Benedetto lo que le reportó un cheque de 450 euros. Pese a que durante más de un lustro se ha visto beneficiado por un sinnúmero de invitaciones a torneos en la península y el resto de Europa, nunca ha logrado romper la barrera de los 140 primeros. Por el contrario, su carrera está estancada y actualmente figura apenas como el vigesimotercer tenista italiano en la clasificación. Lejos de la Copa Davis y muy lejos de sus contemporáneos Mateo Berrettini y Lorenzo Sonego.

Esta historia, como muchas otras, demuestra la difícil transición desde el mundo de los challengers, lo competitivo del circuito ATP y lo meritorio de las últimas dos temporadas de Nicolás Jarry y Christián Garín, compañeros de generación de Quinzi y a quien ambos han superado con creces. Definitivamente, no todos están preparados para dar el salto.

Jarry lo dio en 2018. Y este domingo con su título en el ATP 250 de Bastad pagó su deuda tras dos finales fallidas en las que estando muy cerca terminó cediendo la corona, especialmente en Ginebra donde dispuso de dos puntos de partido ante Alexander Zverev. Siendo el tenis un deporte extremadamente mental poder cumplir este objetivo a temprana edad, con apenas 23 años y solo una temporada y media inserto en el circuito mayor, es un gran paso. Marca un hito en la trayectoria de cualquier tenista.

El triunfo ante Juan Ignacio Londero que le permitirá alcanzar el mejor ranking de su carrera (38) tuvo un mérito añadido. Porque se llevó el match sin jugar su mejor partido de la semana. Una semana inolvidable, en la que ganó todos sus partidos en sets corridos, pero que coronó con oficio y jerarquía más que con un tenis impecable. En este deporte quienes en determinadas circunstancias aprenden a ganar sin jugar bien tienen un enorme camino recorrido y terminan haciendo mejores carreras.

La actuación de Jarry en Bastad, como antes en Sao Paulo, Rio de Janeiro, Hamburgo, en 2018 o en Barcelona 2019, deja de manifiesto que la arcilla es por ahora su superficie más rendidora. Interesante, en esa línea, es constatar que una pista más lenta, incluso a nivel de mar como en el balneario sueco o la ciudad condal, le viene bien. Le brinda más tiempo para armar el swing largo de su derecho cuando debe atacar o defender de mejor manera, más coordinado, cuando el rival posee la iniciativa. En polvo de ladrillo su saque, mejorado a partir de los últimos ajustes, sigue siendo un arma importantísima y más si entra en sintonía con el resto de su juego que fluye adecuadamente sobre esta superficie.

Cualitativamente, la tarea de la Torre es ahora ser aún más competitivo en los Masters 1000 y Grand Slam. Si el año pasado tuvo por las cuerdas a John Isner en el US Open es porque cuenta con el nivel para discutir mano a mano con la mayoría de los jugadores del tour. La clave en este tipo de instancias es saber jugar bajo presión y tomar mejores decisiones en partidos que se definen por dos o tres pelotas. Lo hecho por Jarry desde enero de 2018 suma valiosas horas de vuelo en pos de ese objetivo. Una nueva mejora y avances reales en los cuadros de los principales torneos del mundo debiera ser cuestión de tiempo.

El tenis chileno está de fiesta en una temporada que será recordada porque después de una década dos jugadores criollos volvieron a ganar un título ATP y, de paso, ubicarse en el top 40. Fue una larga espera, pero valió la pena. Y a prepararse y disfrutar, que lo mejor está por venir.